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PARO Y MARCHAS EN TODO EL PAÍS

Histórica jornada de movilización en toda Colombia contra el Gobierno de Duque

Colombia vivió una gran jornada de lucha y movilización este jueves 21N, y lo ha hecho al calor de los procesos de lucha de clases que se viven en el continente. A partir de esta contundente respuesta de masas al Gobierno neoliberal y represivo de Duque no hay vuelta atrás para el pueblo colombiano, seguir el ejemplo de Chile es el camino que tiene por delante.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Jueves 21 de noviembre | 23:29

El pueblo colombiano ha protagonizado una jornada histórica de lucha y movilización como no se había visto en años. Sin lugar a dudas el paro nacional y las multitudinarias manifestaciones que recorrieron el país, sobre todo en Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Pasto, Córdoba, Bucaramanga, en el Cauca y muchos otros lugares de los cuatro puntos cardinales, han sido expresión del hartazgo de los trabajadores, la juventud y los sectores populares del país.

Al momento de escribir este artículo aún no se contabilizan la cantidad de participantes en toda Colombia, pero por las calles de las principales ciudades del país no se habían vivido manifestaciones de esta magnitud y contundencia en muchos años. La campaña mediática del ya debilitado Iván Duque, la militarización del país, así como el cierre de fronteras para meter el miedo en la población, no fueron suficientes para contener esta avalancha de más de 185 manifestaciones que se dieron a lo largo y ancho del país.

Al comenzar la noche, un cacerolazo generalizado que se inició en Bogotá se extendió a muchas de las principales ciudades como continuación de la gran jornada histórica vivida este jueves en toda Colombia. Este hecho vino a darle más contundencia a todo el proceso de movilizaciones ya que el mismo se extendió por un par de horas, siendo que se trató de una forma de expresión poco usual en el pueblo colombiano.

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Una jornada que comenzó a tempranas horas de la mañana aún continuaba al caer la noche en varias de las principales ciudades del país. Claro está, no faltó la represión en la mayoría de las manifestaciones, con heridos y detenidos, sobre todo la llevada a cabo por el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), actuando con ferocidad como se pudo apreciar en Bogotá y Cali. En esta última incluso el alcalde decretó el toque de queda desde las 7 de la noche.

Movilización y represión en la ciudad de Cali.

Es indiscutible que las rebeliones que se vienen desarrollando en Ecuador y Chile, así como la resistencia al golpe de Estado en Bolivia, han incidido en las extensas manifestaciones vividas en Colombia. Esto es lo que explica la dinámica que fue tomando una convocatoria inicial de centrales sindicales y movimientos sociales a comienzos de octubre a un paro nacional, que para el gobierno sería una más de las que se podían haber vivido en otros momentos, pero que terminó desembocando en la gran jornada de este jueves. Por eso en los últimos días en la Casa de Nariño (sede Presidencial) todo era tensión llegando a tomar medidas tan extremas como el cierre de fronteras y el alerta con el acuartelamiento del ejército.

En lo de este jueves han sido los trabajadores que marcharon con sus diversos sindicatos, los estudiantes saliendo desde las universidades y colegios, los más diversos movimientos sociales, pobres urbanos, campesinos, indígenas junto a los demás sectores oprimidos y explotados de la sociedad los que se han hecho presente. Pero sobre todo ha sido la juventud la que puso la tónica en todas las manifestaciones, y no es para menos, ya condenada a un futuro sin nada, el Gobierno buscaba aún más transformarla en una mano de obra barata y desechable con su iniciativa de colocar el salario para los jóvenes en un 75% del mínimo.

La juventud también resistió la represión en Bogotá.

De esta manera, el hartazgo del pueblo colombiano, acumulado por años de extrema desigualdad social impuesta por una rancia clase dominante que en el plano económico ha sido fiel seguidora del modelo chileno con su neoliberalismo extremo, tuvo su contundente expresión. Es que el paro nacional y las movilizaciones fueron categóricamente contra el paquetazo de Iván Duque que contiene la reforma previsional, laboral y tributaria, privatizaciones, contra el llamado holding financiero que elimina el control directo del Estado sobre el dinero de las empresas financieras estatales, contra la corrupción, contra el aumento del desempleo, pero también por el derecho a la protesta social, contra la criminalización y estigmatización a los que luchan que se expresa en lo cotidiano con el asesinato de sindicalistas, de luchadores sociales y la vuelta a los falsos positivos sobre todo utilizando jóvenes.

Pero también, uno de los motivos de la movilización, y que fue lo que impulsó a otros sectores de la población a manifestarse ha sido la política de Duque (con Uribe detrás) de dinamitar los acuerdos de paz firmados en noviembre del 2016, que incluso provocó que un sector de las FARC anunciara retomar las armas, por el incumplimiento de los mismos. Esto a la par del aumento de la violencia contra el pueblo, con asesinatos de indígenas, homicidio de líderes sociales y disidentes de las FARC que se cuenta por centenares y que han ido en aumento; y más recientemente la masacre de 8 menores de edad en un bombardeo del ejército en el departamento del Caquetá.

En otras palabras, toda esta ofensiva del gobierno de Duque (o mejor dicho, del uribismo) con sus decisiones y medidas económicas y políticas, que han llevado a gran inconformidad a la población, se han combinado en el mismo lugar y tiempo con las demandas históricas acumuladas por años, explotándole en las manos al delfín de Uribe, justo también cuando azotan los nuevos vientos de la lucha de clases en el continente y más allá.

Pero existe una cuestión adicional que explica también lo vivido este jueves. En toda una etapa anterior la clase dominante colombiana venía utilizando su pelea contra la insurgencia, con el terror de por medio contra el pueblo, para bloquear y evitar el resurgir de la clase trabajadora y el pueblo sobre todo en las ciudades. Ahora, eso ya no está tan presente y es lo que permite la expresión de la dinámica que está tomando el pueblo de Colombia con sus luchas.

Como un primer resultado, podemos decir que es un hecho categórico que esta masiva jornada ha puesto a tambalear el gobierno de Iván Duque. Si ya venía debilitado por la derrota en las últimas elecciones regionales, y con un gran nivel de desaprobación del 69% (con apenas 15 meses de gobierno), con esta nueva jornada vivida lo hace entrar más en crisis. Pero más aún, lleva al uribismo (y su movimiento Centro Democrático) a su peor crisis en los últimos 20 años. Es de recordar que Iván Duque es el delfín del siniestro Álvaro Uribe, y no en vano en el humor popular es conocido como el “subpresidente”, en alusión a que es el propio Uribe el que lleva en los entretelones los verdaderos hilos políticos del gobierno.

Habrá que ver qué dinámica tomará la actual situación en Colombia luego de toda esta expresión del pueblo colombiano. Aunque lo desatado el día de hoy se trata de una fuerza que será difícil conjurar por los propios grupos de poder, peor aún con un gobierno que ha quedado en extrema debilidad, más de la que ya venía arrastrando.

Gustavo Petro, el centroizquierdista, ha afirmado que lo de este jueves “se trata de un Paro Cívico para cambiar a Colombia”, queriendo desde ya encauzar la movilización de hoy y las que pueden estar por venir en las reformas cosméticas del régimen, a imagen y semejanza de lo que hacen sus pares en países como Chile. Nada más lejos como solución a los problemas históricos y estructurales de los trabajadores, campesinos, indígenas y demás sectores explotados de Colombia.

Una vez que se han puesto en la calle las masas colombianas, no le queda otra alternativa que seguir el camino del pueblo chileno que a un mes de iniciada su revuelta aún sigue en pie luchando contra todos esos 30 años del régimen post pinochetista. Avanzando en la autoorganización y tomando cada decisión en sus propias manos de cada paso de lucha es que podrán las masas colombianas no seguir cayendo en cada trampa que les monten y que busquen expropiar sus luchas. En eso también están los ejemplos de Chile con la constitución de coordinadoras como se aprecia en Antofagasta.

Si se pondrá Colombia en el camino de los vientos que soplan en Latinoamérica, es de esperar y ver, pero lo que ya es seguro es que difícilmente hay una vuelta atrás a cómo se venían dando los procesos de lucha en las últimas décadas, siendo el camino la perspectiva obrera y popular como salida independiente.






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