SUPLEMENTO

Industria del cine y patriarcado, un negocio redondo

Violeta Bruck

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Fotomontaje: Javier Gabino

Industria del cine y patriarcado, un negocio redondo

Violeta Bruck

En los últimos tiempos, junto a la enorme movilización de las mujeres, desde distintos espacios de la actividad audiovisual se levantan voces para cuestionar la intensa desigualdad que se mantiene también en este ámbito. División del trabajo con espacios vedados para las mujeres, diferenciación salarial, situaciones de acoso y violencia, precarización laboral, son parte de esta problemática general que se expresa en el mundo del trabajo audiovisual.

El cine es una actividad colectiva, pero la división de roles según los géneros en la mayoría de las producciones tiene mucho que decir acerca de la sociedad en que se realiza. Distintos relevamientos de la actividad a nivel mundial, con datos de Europa, EE. UU. y Latinoamérica, expuestos en el evento organizado por directoras de fotografía, "El secreto de sus miradas", dejaron en claro esta situación: al norte, sur, este u oeste, en la dirección y otras áreas centrales de las películas hay entre un 93 % y 78 % de hombres y entre un 7 % y un 22 % –en el mejor de los casos– de mujeres; los números se invierten en las áreas de maquillaje, vestuaristas o arte. Cambian las geografías, los climas y las estéticas, pero el idioma patriarcal se practica en todas las latitudes.

Esta estructura de trabajo que relega a las mujeres puede verse expresada también en los contenidos, temáticas y formas que genera. Ya en los años ‘60, al calor de la segunda ola feminista, la investigadora y ensayista Laura Mulvey se planteaba poner de manifiesto “cómo el inconsciente de la sociedad patriarcal ha estructurado la forma fílmica”. En uno de sus más conocidos textos expresa:

La imagen de la mujer como materia prima (pasiva) para la mirada (activa) del hombre acerca aún más el argumento a la estructura de la representación, añadiendo un nuevo estrato que viene exigido por la ideología del orden patriarcal tal y como se entiende en su forma cinematográfica preferida –el cine narrativo ilusionista.

En el mismo sentido, para cuestionar en la práctica esta forma patriarcal audiovisual, emerge en los años ´60 la obra de Agnés Varda, que marca una importante huella de feminismo en el cine; el corto Respuestas de mujeres o la película Una canta y la otra no, son algunos ejemplos de este camino.

En los últimos tiempos ha crecido la producción de películas con temáticas de género y diversidad pero esto no se ve reflejado en la organización del trabajo y participación de las mujeres en la producción. Se han destacado también nuevas directoras, pero el marco general de desigualdad general se mantiene.

La película argentina

La actividad audiovisual argentina se inserta en este marco general. Según datos recientes publicados, entre 2007 y 2017 las mujeres dirigieron el 17,5 % de las películas. En el anuario del INCAA de 2018 la cifra aumenta a 21,43 % (sumando dirección y co-dirección). Pero incluso esta importante desigualdad parece menor frente a lo que sucedió antes, según publican en una interesante nota del sitio otroscines, "entre 1917 y 1980 solo 10 largometrajes fueron dirigidos por mujeres, ¡10 películas en 63 años!".

Ya en 1917 hubo pioneras como Emilia Seleny, Maria B. Celestini, Elena Sansiena y Reneé Oro, directoras de cortos documentales de esa época, ¿las conocen? No, claro, tampoco los libros han hablado mucho de ellas. Otras mujeres pudieron ocupar roles en producción como la actriz Camila Quiroga, pero en estos primeros años el lugar central fue delante de las cámaras, con papeles pensados y dirigidos por algún hombre.

De a poco la participación de las mujeres fue creciendo en las áreas de compaginación, cortadoras de negativos, arte, producción y otros espacios, que los encargados de dirigir la actividad consideraron un lugar "natural" para ellas. Áreas todas de suma importancia para la realización audiovisual pero, como no podía ser de otra forma, invisibilizadas las más de las veces.

En 1960 Vlasta Lah dirige el primer largometraje Las Furias, tras haber participado como asistente de su marido. Ante la primer película argentina dirigida por una mujer, la crítica no la recibe bien. En una entrevista le plantean "A propósito de su esposo, ¿Cómo ve él que usted invada el terreno?, ¿La ayuda?". Por otro lado, para la prensa especializada parece haber más acidez y rechazo ante la mirada femenina "La directora tiene un lenguaje poco preciso, y poco pasional", "Vlasta Lah no es por cierto una realizadora original. A defectos de su trabajo se debe la inconvicción, lindante con lo ridículo...". Los señores del jurado no parecen dar la bienvenida a esta nueva participación en el mundo del cine.

Pocos años después se suma Eva Landeck con la dirección de cortometrajes que consiguen reconocimiento en festivales internacionales como Horas Extras en Oberhausen y El empleo en el Festival de Cortometrajes de Cannes. También a fines de los ‘60 Narcisa Hirsch comienza su camino en la realización de un cine experimental. En ésta época también, y en la siguiente década del ’70, se suman las mujeres que forman parte del cine documental y militante como Juana Sapire o Dolly Pussy.

Para la década del ‘80 realiza su primer largometraje María Luisa Bemberg, quien será la primera directora que logra un reconocimiento. El estreno de Camila se convierte en una de las películas más taquilleras de la época. En los años siguientes se suman más realizadoras, guionistas, productoras, como Lita Stantic con un importante papel, y en los años ‘90 hasta estos días se suman muchas más. Desde Lucrecia Martel y otras cineastas reconocidas internacionalmente hasta decenas de nombres del cine independiente y documental. Pero este crecimiento y reconocimiento de varias películas dirigidas por mujeres no puede ocultar una realidad que se sostiene desigual.

Una radiografía actual

En el marco de una situación de ajuste, con precarización laboral y pérdidas de empleo en el sector audiovisual, trabas para el fomento y distribución del cine independiente, la situación de desigualdad de las mujeres se mantiene y profundiza.

A comienzos de este año y al calor del paro y las movilizaciones del 8M se conforma el FAF (Frente Audiovisual Feminista) integrado por comisiones de género de asociaciones audiovisuales y nuevas organizaciones con distintas perspectivas. Durante el mismo 8M se impulsa el paro de múltiples rodajes y la nueva presentación de la ley por el derecho al aborto las encuentra en las calles.

En una reciente mesa debate, este sector expuso a través de distintos datos y testimonios el estado de situación actual. Florencia Tundis, guionista e integrante de Economía Feminista, planteó la importancia de analizar el tema desde una doble perspectiva: lo que se ve en pantalla y lo que está detrás. A partir de su propia experiencia como estudiante de la ENERC pudo hacer un relevamiento que da cuenta que desde hace por lo menos diez años, en las escuelas de cine, hay un 50 % de mujeres y 50 % de varones, en algunos casos como FADU-UBA también más. Pero al ver las estadísticas laborales del medio no se reflejan estas proporciones, por lo que se entiende que, en medio de una situación difícil para todos, quienes consiguen más trabajo al egresar son en su mayoría hombres.

Por otro lado, una serie de datos de 2018 demuestra la desigual proporción en los distintos roles. A más de 100 años de actividad cinematográfica en el país, se mantiene una estructura piramidal, en donde en las áreas de mayor responsabilidad, poder de decisión y mejores pagas, como dirección, dirección de fotografía, dirección de sonido, montaje, guión, el porcentaje de hombres es siempre mayor al 75 % y las áreas que son (mal) asociadas a “tareas de organización”, “cuidados”, “asistencia”, como arte, maquillaje, vestuario, asistente de producción, son las áreas en las que las mujeres superan el 50 %.

La amplia disponibilidad horaria que requiere el trabajo, la falta de coberturas especiales por maternidad, guarderías, etc., complica aún más las posibilidades de inserción laboral de las mujeres en el medio. En este aspecto se intervino también desde la Asociación de Técnicas de Cine y Publicidad, quienes actualmente están dando una pelea por estos derechos.

En cuanto al análisis de lo que se ve en la pantalla, las integrantes MUMA Bariloche presentaron un ilustrativo corto basado en el Test de Bechdel, una prueba que mide la representación de la mujer en productos culturales, en especial audiovisuales.

Por su parte desde RAMA (mujeres de la animación) presentaron otro corto para difundir la iniciativa del cupo 50/50 que se impulsa desde el sector.

El documento conjunto, leído por integrantes de DOCA (Documentalistas de Argentina), planteó la situación de las mujeres audiovisuales en el marco de un ajuste más general en el país y en las políticas del INCAA. Detallando las medidas concretas del campo audiovisual se destaca que este ajuste recae especialmente en las mujeres y el cine independiente.

Con respecto al debate sobre el cupo el texto plantea la necesidad de tener en cuenta las diferencias según el sector:

La lucha por el 50-50 es hoy lo que nos encuentra y como toda lucha feminista es transversal, atraviesa a todes aunque en diferentes formas... No es lo mismo una productora con antecedentes que la figura de realizadora audiovisual. Si la lucha por la paridad de género convive con puntajes restrictivos para acceder a las diferentes vías de producción, termina siendo expulsiva para muchas de nosotres…”.

En este sentido se señalan posibles límites a las iniciativas de cupo, más allá de que es una herramienta útil para cuestionar las discriminaciones y desigualdades.

La lucha por los derechos de las mujeres audiovisuales emerge en un marco de ataque al conjunto de la actividad. En los últimos tiempos se realizaron asambleas y movilizaciones con gran protagonismo de estudiantes, técnicos y realizadores independientes, sectores excluídos y afectados por un modelo de cine de negocios. En todos estos espacios la voz de las mujeres tuvo un importante protagonismo.

Perspectivas

La pelea por el derecho a producir, a estar en igualdad de condiciones, no implica una idea de crear un "cine de o para mujeres". En distintos relatos del libro Mujeres, cámara, acción de Catalina Dlugi y Rolando Gallego, se apunta sobre este tema. Mercedes Morán expresa: "No hay un cine femenino... creo que hay una cantidad de mujeres que están dirigiendo que tienen una mirada de su género. Algunas tienen conciencia de su género y otras no...". Lucía Puenzo agrega: "Rechazo que nos pongan en el cine de mujeres... no nos hace bien a las mujeres no tiene que estar sectorizado". Lorena Muñoz suma: "No me parece que hay un cine de mujeres o un cine de hombres. Sí me parece que cuántas películas son protagonizadas y tratan sobre hombres y cuán pocas sobre mujeres…”. Un constante debate que recorre las distintas disciplinas artísticas.

La opiniones se expanden y la discusión sobre cómo terminar con el patriarcado, que recorre el movimiento de mujeres, tiene también sus ecos en el mundo audiovisual. En este mismo libro de reciente publicación se rescatan otras voces que aportan a pensar las perspectivas. Ana Katz reflexiona:

… me gusta darle prioridad al feminismo desde la igualdad. No es fácil porque hay que armar todo de nuevo. No se puede deconstruir el patriarcado sin pensar en el capitalismo y la propiedad privada. Hay muchas ideas, nada inocentes, que están en auge. Para mí es a por todo... Es un momento alucinante, de raíz de transformación… por eso hay que ir por más, y el tema de la propiedad privada es clave.

Lucrecia Martel suma su punto de vista:

El gran conflicto y la gran pobreza que tiene el cine es que en estos cien años, en estos ciento y pico años de existencia, ha sido un cine en manos de la clase media-alta blanca, en el mundo, al que han tenido muy poco acceso las mujeres y otras minorías, las mujeres no somos minoría, pero hemos tenido muy poco acceso, y ni hablar de grupos de indígenas, población negra, etc... La incorporación de mujeres al cine es más rápida que la incorporación de otras clases sociales...

Así, desde una perspectiva de lucha por los derechos de las mujeres audiovisuales puede plantearse un puntapié en un doble sentido para unirse a la lucha de todas las mujeres, y para pelear por los derechos de todos los sectores excluidos y precarizados en el campo audiovisual. Si el patriarcado y capitalismo van de la mano, el modelo capitalista del cine-negocio cumple con su correspondiente representación audiovisual y división del trabajo. En la lucha por liberar al cine de toda opresión, feminismo y anticapitalismo necesitan caminar juntos.

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Violeta Bruck

@Violeta_Bk
Nació en La Plata en abril de 1975. Prof en Comunicación Audiovisual (egresada UNLP). Miembro de Contraimagen, realizadora del documental Memoria para reincidentes.
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