SUPLEMENTO

La burocracia china y la política cero COVID: entre la ineficiencia y la locura

Juan Chingo

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La burocracia china y la política cero COVID: entre la ineficiencia y la locura

Juan Chingo

A finales de este año, Xi Jinping planea conseguir un tercer mandato sin precedentes como líder del Partido Comunista Chino. Para conseguirlo, Xi debe demostrar su eficacia en dos ámbitos: que su política contra el COVID19 está funcionando y que la mayor economía de Asia es resistente.

Una vez más la autoridad del máximo dirigente chino se pone a prueba como nunca antes. Hasta ahora China había logrado escapar a la condena universal tras el brote de la pandemia de Covid-19 en Wuhan, a la vez que el descalabro que la extensión de la misma había generado en todo el mundo contrastaba con el relativo pequeño número oficial de muertos dado por Pekín, así como de la continuidad del crecimiento económico. Su política de cero COVID le permitió proclamar, ya en septiembre de 2020, su victoria en la batalla contra la pandemia. La misma hasta ahora gozaba de un gran consenso político y social. Tanto el gobierno como el pueblo sentían que su sistema tenía ventajas únicas sobre Occidente, lo que demostraba que China estaba en la cima y que las cosas iban mejor. Todo esto se derrumba ante el brote de la variante Omicron y sus derivados, mucho más contagiosos que los anteriores. El aumento sin precedentes del número de casos y muertes –o quizás su mayor visibilidad– fueron suficientes para que las ineficacias e irracionalidades del funcionamiento del poder chino queden repentinamente expuestas al mundo.

La ineficacia y el carácter dictatorial de la burocracia al desnudo

Los cierres sucesivos y draconianos que se están produciendo en China frente a la nueva oleada de COVID19 superan cualquier film distópico de no importa qué serie del último tiempo. Decenas de ciudades grandes o pequeñas están sometidas a confinamientos totales o parciales por el covid-19. Sin embargo, el punto crucial es Shanghái, la ciudad más grande y cosmopolita de China, con unos 26 millones de habitantes. Después de todo, Shanghai había sido la ciudad mejor gestionada de China durante los dos años de la pandemia, un modelo en el que las autoridades locales impusieron restricciones mínimas mientras se aseguraba de que los brotes estuvieran controlados. Esta megalópolis ya lleva la quinta semana de confinamiento duro como en los peores momentos de Hunan que sólo se ha aflojado ligeramente. Todos los indicadores apuntan a que Pekín va a sufrir el mismo destino.

Dos residentes describen la ciudad en el pico de la locura:

… a medida que los casos aumentaban hasta marzo, los residentes y los funcionarios se preocupaban. Un funcionario que dirige el departamento de salud mental de Shanghái salió en televisión para decir a los residentes que debían "reprimir el anhelo de libertad del alma", lo que provocó que los divertidos ciudadanos crearan memes que satirizaban un giro espiritual en la jerga oficial del partido. Diez días después, Shanghái declaró un cierre temporal y escalonado que rápidamente se convirtió en indefinido y global. Nuestro cierre rivalizó con dos de los más duros del país: Wuhan a principios de 2020 y Xi’an a finales de 2021.A los residentes sólo se les permitió salir de sus apartamentos para realizar pruebas de PCR. Pocos negocios podían funcionar. La gente luchaba por conseguir productos de primera necesidad, como suministros médicos, ayudas a los ancianos y alimentos. La mayoría de los restaurantes y supermercados ya no podían hacer entregas. Las autoridades locales se encargaron entonces de la distribución de alimentos, haciendo que los residentes dependieran de los paquetes de comida organizados por el gobierno. La gente no tardó en irritarse. Cuando empezaron a cantar y entonar cánticos en sus balcones, el gobierno envió un dron con un megáfono que repetía: "Por favor, repriman el anhelo de libertad del alma". La segunda vez no fue tan divertida. El impacto inmediato del cierre ha sido un aplanamiento social de la ciudad. Algunos hogares pudieron abastecerse de alimentos mejor que otros, pero la mayor parte de la ciudad –ricos y pobres, jóvenes y viejos, locales y extranjeros– está en el mismo barco: atrapada en casa con un acceso mínimo a la abundancia de Shanghai. Kathy Xu, una de las principales capitalistas de riesgo del país, pidió pan y leche en las redes sociales. Abundan las bromas sobre el hecho de que China haya alcanzado la "prosperidad común", la iniciativa emblemática presentada por Xi en 2021 para abordar la desigualdad, una década antes de lo previsto.

Este humor de encierro era una de las pocas formas de escapar a las medidas surrealistas en el terreno. Así, los funcionarios de Shanghái han instalado vallas metálicas para impedir que la gente salga de los edificios donde se ha registrado algún contagio. Hace unos días en Qianan, provincia de Hebei, en el norte de China, se ha ordenado a los residentes que entreguen las llaves de sus casas a las autoridades para garantizar que no salgan de ellas. Los residentes que se nieguen a cooperar verán sus puertas selladas desde el exterior y acordonadas con alambre de púa. Medidas que a su vez han creado un clima de terror, como en los peores momentos del régimen maoísta. Así, vídeos virales mostraban a agentes de policía golpeando o deteniendo a los que no cumplían, y a trabajadores sanitarios golpeando hasta la muerte a perros que habían sido abandonados por personas en cuarentena.

Sin embargo, a pesar de la creciente ira contra Xi y esta política, en su reunión del 5/5 el Comité Permanente del Partido ha dejado claro que ha decidido continuar con la política de "cero-Covid”; "La persistencia es la victoria", declaró la reunión. Dicho cónclave advirtió a los cuadros de no vacilar en la lucha: “La práctica ha demostrado que nuestra política de prevención y control está determinada por la naturaleza y el propósito del Partido, nuestras políticas de prevención y control pueden resistir la prueba de la historia, y nuestras medidas de prevención y control son científicas y eficaces. Hemos ganado la batalla para defender Wuhan, y seguramente podremos ganar la batalla para defender Shanghái”.

Detrás de estas medidas draconianas en la gestión de la crisis del COVID19, se revela una vez más la fragilidad del régimen chino. Es que debido a la infalibilidad del secretario general del PCCh ninguna crítica se puede hacer en relación a sus decisiones políticas de más en más controversiales y que hoy en día las masas chinas están pagando con un confinamiento dictatorial y escandaloso. Tiene razón la especialista Valérie Niquet, cuando afirma que:

Lejos del pragmatismo, el único factor que guió la toma de decisiones fue la imagen y el poder del Partido Comunista y de su líder Xi Jinping, que no podía ser cuestionado de ninguna manera; incluso a costa de un coste considerable, cuyo alcance probablemente aún no se conoce […] China compró la licencia de distribución de las vacunas de Pfizer, mientras se negaba a producirlas por nacionalismo tecnológico, para imponer mejor su control a Taiwán, que no puede abastecerse libremente. Según varios estudios, las vacunas chinas son mucho menos eficaces que las de ARN mensajero, pero Pekín no quiere atender a razones, en nombre de la supuesta superioridad de su sistema, como sostiene la propaganda oficial. Sobre todo, aunque imaginábamos que las campañas de vacunación estarían perfectamente organizadas, ahora sabemos que apenas más del 50 % de la población china estaría totalmente vacunada. Y que en esta proporción, las personas de mayor edad, las que no se desplazan, son las menos cubiertas.

Los fracasos de la máxima dirigencia del PCCh han llevado a la China a su impasse actual:

Y de hecho, debido a las malas decisiones tomadas en materia de vacunas, relevar esta política expondría a China a cientos de miles de infecciones, a decenas de miles de muertes, incluso si Omicron parece ser menos letal que las variantes anteriores. Todo el argumento de la superioridad del régimen se derrumbaría. Esto es tanto más cierto cuanto que el sistema sanitario también revela sus debilidades. Detrás de los hospitales modelo, de los que Shanghái está bien equipada, se reconoce que la cadena asistencial -incluso en la ciudad, y más aún en el campo- no podría absorber a los pacientes, con el riesgo de aumentar el número de muertes [1].

Todo esto confirma el análisis realizado al comienzo de la pandemia en China de que la burocracia ahoga la economía, la vida social y cultural y que luego el control del COVID parecía desmentir frente a la debacle en el resto del mundo, incluido los principales países imperialistas, en especial los Estados Unidos. Más grave aún para esta casta enriquecida y parasitaria, las decisiones de Xi Jinping más allá del alto costo que las poblaciones está pagando, pueden tener un alto costo político ya que no tocan a sectores despreciados o periféricos del consentimiento social como el campo, sino que afecta en gran medida a las bases centrales de apoyo del Partido, aquellos sectores sociales que han asumido el pacto implícito de aceptar la falta de libertades políticas a cambio de los beneficios de la sociedad de consumo.

Peligro a su rol de mejor fuente de aprovisionamiento del mundo

Estos errores de la política sanitaria no solo pueden romper el consenso con los sectores beneficiados por las reformas capitalistas, sino que ponen en cuestión el rol de China como mejor fuente de aprovisionamiento del mundo.

Así, personajes altamente influyentes que se han beneficiado de esta mundialización productiva y que no se caracterizaban por ser enemigos de Pekín, comienzan a tirar la campana de alarma. Este es el caso del aleman Jörg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio europea en China, y de la filial china de la química BASF. En una entrevista publicada el 28 de abril pasado en el diario suizo The Market, afirma que el crecimiento no será de 5,5 % en 2022 como se había previsto, sino que será del 4 %. Según él, a causa de la política de cero Covid, “China va en camino a perder la credibilidad como mejor fuente de aprovisionamiento del mundo”. Asimismo, señala que las políticas económicas y sanitarias llevadas adelante actualmente están erradas, pero que por la proximidad del 20 Congreso que será en el otoño, cualquier cuestionamiento es imposible. “China no sale de la encrucijada en que la ha metido el Presidente. Los líderes son prisioneros de su propia narrativa. Es trágico” [2].

Esto no significa que vaya a haber una huida de inversores extranjeros [3] pero las dudas e incertidumbres a largo plazo del rol de la China dentro de la cadena de suministros globales se acrecientan, al tiempo que las multinacionales allí presenten se vuelven más cautelosas. Estas, por un lado, están obteniendo grandes beneficios y siguen esperando crecer. El grueso de las empresas multinacionales ganó mucho dinero con sus operaciones en China en 2020 y 2021, cuando el crecimiento de China superó al de la mayoría de los países del mundo. Pero el cierre de Shanghái y el trastorno más amplio de las duras políticas de Covid de China están imponiendo grandes costes económicos en 2022, y las empresas están luchando para decidir cómo ajustar sus estrategias. Según informa el Financial Times, General Electric achacó a las "importantes limitaciones de la cadena de suministro" la menor producción de su negocio de motores para aviones comerciales y el menor crecimiento de los ingresos de su división de salud, en la que las paradas en algunas regiones de China también estaban afectando a la demanda [4]. El mismo diario informa que los ejecutivos de Apple advirtieron que el grupo podría sufrir una caída de hasta 8.000 millones de dólares en el trimestre actual debido a los vientos en contra que incluyen la escasez de la cadena de suministro y el cierre de fábricas en China, lo que subraya que los desafíos que plantea la pandemia están lejos de terminar para la empresa más valiosa del mundo. "Las restricciones de suministro causadas por las interrupciones relacionadas con el virus Covid y la escasez de silicio en toda la industria están afectando a nuestra capacidad para satisfacer la demanda de nuestros productos por parte de los clientes", declaró el jueves a los analistas el director financiero de Apple, Luca Maestri [5]. Por último, según también el Financial Times, los cierres por coronavirus en China están mermando los ingresos de las grandes cadenas minoristas mundiales, con cientos de millones de residentes confinados en sus hogares en el mayor mercado de consumo del mundo. Starbucks y Yum China, propietaria local de las marcas KFC y Pizza Hut, se encuentran entre los grupos multinacionales que advierten de la caída de las ventas a medida que la inamovible política de cero COVID del presidente Xi Jinping erosiona la confianza de los consumidores y asfixia las cadenas de suministro en China [6].

Las multinacionales también tienen preocupaciones a más largo plazo en torno a las crecientes tensiones geopolíticas. Las empresas estadounidenses con operaciones en China han sufrido un golpe tras otro desde que Donald Trump entró en la Casa Blanca. Los halcones de las administraciones de Trump y Biden, así como del Congreso, han presionado para desvincularse, utilizando instrumentos políticos que incluyen aranceles, restricciones a la exportación, sanciones de bloqueo, prohibiciones de importación y órdenes de desinversión con el fin de cortar los vínculos económicos entre los dos países. En su mayor parte, las multinacionales han resistido por la razón de que China sigue siendo un mercado lucrativo. Pero, así como las cuestiones sociales en el activismo de izquierda, en el clima enrarecido actual de los Estados Unidos no puede descartarse que los responsables políticos estadounidenses hayan creado un clima de vergüenza moral por hacer negocios en China, lo que podría producir mayores sanciones más adelante. Un Congreso más beligerante, podría crear un mecanismo de revisión de las inversiones salientes en los próximos años. Y parte de la incertidumbre estratégica que pesa sobre la globalización, los ejecutivos son más abiertos a pensar lo que se consideraba eventos de baja probabilidad. En particular, la invasión rusa de Ucrania está concentrando las mentes en lo que podría ocurrir si Pekín inicia un conflicto por Taiwán. Una repetición de las sanciones impuestas a Rusia significaría probablemente el fin de China como historia de crecimiento para las multinacionales.

¿El 2008 chino?

El que habla de la situación actual así no soy yo, sino uno de los ejecutivos más amigos de China hasta hace poco. El fundador y presidente de uno de los mayores grupos de inversión de capital riesgo de Asia ha criticado al gobierno chino por unas políticas que, según él, han provocado una "profunda crisis económica" comparable al crack financiero mundial. Weijian Shan, cuyo grupo PAG gestiona más de 50.000 millones de dólares, dijo que su fondo se había diversificado fuera de China y estaba siendo "extremadamente cuidadoso" con su cartera en el país. "Creemos que la economía china está en este momento en la peor forma de los últimos 30 años", dijo en un vídeo de una reunión visto por el Financial Times. "El sentimiento del mercado hacia las acciones chinas también está en el punto más bajo de los últimos 30 años. También creo que el descontento popular en China está en el punto más alto de los últimos 30 años". En el vídeo, Shan dijo que gran parte de la economía china, incluido su centro financiero, Shanghái, había sido "semiparalizada" por las "draconianas" políticas de cero-codificación y que el impacto en la economía sería "profundo". "Para nosotros, China se parece a Estados Unidos y Europa en 2008", añadió Shan [7].

Probablemente su juzgamiento sea exagerado, pero habla del cambio de opinión de ejecutivos de grandes empresas o fondos de inversión o analistas económicos, fanáticos y defensores a ultranza contra todos los anunciadores de catástrofes del modelo chino en todos estos años, e incluso décadas. Otro giro sorprendente es el de Stephen Roach, un antiguo presidente de Morgan Stanley Asia que ha ganado mucho dinero con China. En una entrevista concedida a SupChina, un medio de comunicación online especializado en China, este economista, al que se escucha tanto en Wall Street como en Pekín, afirmó que los principales problemas de China –la política del cero de Covid, la proximidad con Rusia, el desarrollo de la tecnología, etc.– se deben a "un proceso de toma de decisiones asombrosamente rígido, que, en primer lugar, es incapaz de reconocer sus errores y, en segundo lugar, no es lo suficientemente flexible como para adoptar una estrategia diferente". Para él, "incluso un partido único y un Estado autoritario necesitan tener debates y ser capaces de mirarse en el espejo" [8].

Y como un ejemplo de esa falta de pensamiento crítico mismo al interior del régimen burocrático, citaba que hoy en día debido al poder absoluto de Xi, no hay nadie que pudiera hacer un comentario como el que el ex primer ministro Wēn Jiābǎo hizo en marzo de 2007, en una rueda de prensa después de la Asamblea Popular Nacional, en la que dijo: "La economía china es fuerte en la superficie, pero bajo la superficie, es inestable, desequilibrada, descoordinada y, en última instancia, insostenible" [9]. En la misma entrevista sostiene que hay una clara sensación de que el déficit de crecimiento es significativo y probablemente duradero, cuestión que he analizada a propósito de la crisis del gigante inmobiliario Evergrande y el difícil pasaje del “crecimiento ficticio” al “crecimiento genuino” en China. También habla de la angustia del mercado laboral, que rara vez es captada por los datos oficiales de desempleo en China, que según sus palabras “… puede ser una indicación de que la cadena de suministro y las repercusiones del COVID es más grave de lo que nos han hecho creer”.

En el marco del difícil equilibrio en el plano internacional como hemos señalado a propósito de la guerra de Ucrania, donde se mueve entre la alianza con Rusia y la dependencia de Occidente, todos estos frentes de nubarrones internos pintan un panorama altamente complejo a pocos meses de una reunión decisiva para el futuro del secretario general del PCCh y de China. Su idea de apaciguar las aguas en este año para que esta reunión decisiva se pase bien está volando por los aires. China se encuentra, pues, en una situación en la que hay dificultades internas y externas. Esto crea una mezcla peligrosa para Xi y la consolidación de su salto bonapartista, que podría ser puesto en cuestión más que en el próximo Congreso del partido en la realidad económica, social y de la lucha de clases que se avecina. La burocracia del PCCH arriesga ser cada vez más disfuncional si las fortalezas del milagro chino dan paso a sus vulnerabilidades.

NOTAS AL PIE

[1Valérie Niquet : “La République populaire de Chine s’est enfoncée dans une inefficacité dangereuse”, Le Monde, 27/4/2022.

[2“Trois hommes d’affaires influents tirent la sonnette d’alarme: la Chine va mal”, Le Monde, 3/5/2022.

[3La inversión estadounidense en China se mantuvo estable incluso durante lo peor de la guerra comercial del presidente Donald Trump, con una inversión extranjera directa de unos 14.000 millones de dólares al año en la década anterior a 2020, según Rhodium Group. Grandes fabricantes como Tesla y Apple han aumentado su presencia en el país, persiguiendo sus inigualables capacidades de producción, así como su creciente mercado. Los fabricantes de productos sanitarios y de consumo siguen viendo un aumento de la demanda entre la creciente clase media china, que puede permitirse productos de mayor calidad. Y empresas financieras como JP Morgan y BlackRock han obtenido licencias para operar en el país con empresas de su propiedad.

[4“GE warns on outlook as China lockdowns worsen supply chain woes”, 26/4/2022.

[5“Apple forecasts up to $8bn hit from supply chain problems”, 28/4/2022.

[6“China lockdowns erode multinationals’ revenues”, 4/5/2022.

[7“China in ‘deep crisis’, says Hong Kong private equity chief”, Financial Times, 28/4/2022.

[8Ídem 3.

[9“The China cushion has deflated - Q&A with Stephen Roach”, 29/4/2022.
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Juan Chingo

Integrante del Comité de Redacción de Révolution Permanente (Francia) y de la Revista Estrategia Internacional. Autor de múltiples artículos y ensayos sobre problemas de economía internacional, geopolítica y luchas sociales desde la teoría marxista. Es coautor junto con Emmanuel Barot del ensayo La clase obrera en Francia: mitos y realidades. Por una cartografía objetiva y subjetiva de las fuerzas proletarias contemporáneas (2014) y autor del libro Gilets jaunes. Le soulèvement (Communard e.s, 2019).
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