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Red Internacional

Inflación. La economía de EE. UU. se vuelve a contraer y entra en una recesión técnica

El Gobierno de Biden quiere evitar hablar de recesión a pocos meses de las elecciones legislativas, pero lo cierto es que la actividad económica ya suma dos trimestres seguidos de contracción, lo que es considerado una "recesión técnica". La salida de la pandemia, el boomerang de las sanciones por la guerra en Ucrania, una inflación histórica y el aumento de las tasas de interés que muchos advierten como una combinación de inflación y estancamiento en puerta.

Jueves 28 de julio | Edición del día

La economía de Estados Unidos se contrajo un 0,2 % en el segundo trimestre del año y encadena así dos trimestres de caídas del Producto Interior Bruto (PIB), como consecuencia de la crisis global derivada de la guerra de Ucrania, el boomerang de las sanciones impuestas a Rusia, una inflación no vista en 40 años y el aumento de las tasas de interes de la Reserva Federal que enfría, sin no congela, el consumo y la economía.

El dato publicado por la Oficina de Estadísticas Laborales (BEA) confirma un segundo descenso consecutivo del PIB, lo que tradicionalmente se considera una recesión técnica.

Un diagnóstico que, sin embargo, no comparte el Gobierno estadounidense, que no cree que el país se encuentre en un escenario de recesión.

En medio de la carrera hacia las elecciones legislativas de este año Joe Biden no quiere acumular malas noticias por lo que la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), que es la que declara oficialmente si existe o no recesión, ha evitado hablar al respecto, siguiendo a la Casa Blanca que en lugar de recesión habla de "transición".

El dato del segundo trimestre de 2022, el primero de las tres estimaciones que hace el Ejecutivo estadounidense, se produce después de que en el primer trimestre la economía se contrajera el 0,4 %.

Según el informe publicado este jueves por la BEA, que calcula un ritmo anual de caída del 0,9 %, como factores de este retroceso están la alta inflación, los problemas en la cadena de suministros y el aumento de las tasas de interés. Como contrapartida subrayó el desempleo.

Asimismo, se registraron disminuciones en la inversión privada, en el sector inmobiliario (residencial y no residencial), en el gasto de los gobiernos federal, estatal y local, que fueron compensadas en parte por aumentos en las exportaciones y el gasto del consumidor. Las importaciones, que son una resta en el cálculo del PIB, aumentaron.

Biden e instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Reserva Federal llevan días preparando el terreno ante el esperado mal dato e insistiendo en que hay suficientes indicadores económicos para no considerar que Estados Unidos esté entrando en recesión.

El dato se conoceun día después de que la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos subiera en 0,75 puntos el tipo de interés oficial por segundo mes consecutivo y no descartara otro aumento "inusualmente alto" en septiembre, si la inflación continúa subiendo.

En junio, la tasa de inflación de la mayor economía del mundo se situaba en el 9,1 %, algo no visto desde 1981.

El pasado martes, el FMI publicó sus previsiones y calculó que la economía estadounidense crecerá un 2,3 % este año y el 1 % el que viene, unas estimaciones que reducen en 1,4 y 1,3 puntos, respectivamente, las de abril.

La combinación de alta inflación y aumento de las tasas de interés, no solo en EE. UU. sino en los principales países europeos, ya ha encendido las alarmas ante la posibilidad de ir hacia un escenario de estanflación (estancamiento económico e inflación). Los números históricos de inflación se suman al enfriamiento del consumo provocado por el aumento de las tasas de interés, que afecta también a los países endeudados y se convierte en una "aspiradora" de divisas a nivel mundial.

Las consecuencias de ese cuadro es lo que quieren tratar de evitar, y también desconocer como lo hace ahora Biden, los gobiernos, organizaciones financieras internacionales y el establishment económico internacional.

Sin embargo, el aumento inaudito del costo de vida y el desabastecimiento de productos básicos en varios países que dependen de la importación de granos y combustibles, por la guerra en Ucrania, ya ha generado un aumento de la lucha de clases en todo el mundo. Está provocando desde rebeliones, como hemos visto en Sri Lanka, Ecuador, Libano o Irán, hasta huelgas históricas como la de los ferroviarios británicos, aeronauticos en toda europa, portuarios alemanes, entre otros, y un acelerado proceso de sindicalizaciones entre la juventud más precarizada en Estados Unidos por sus condiciones de trabajo.




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