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Red Internacional

CINE.La gran apuesta (“The big short”)

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Domingo 1ro de mayo de 2016 | Edición del día

La famosa actriz australiana Margot Robbie en un baño de burbujas con champagne explica en pocas palabras qué son las hipotecas “subprime”. El conocido chef Anthony Bourdain realiza un plato gourmet mientras ejemplifica mediante pescado podrido qué es una Obligación de Deuda Garantizada. La cantante Selena Gómez y el economista conductual Richard H. Thaler muestran en una partida de black jack en un casino cómo funciona un bono llamado CDO (Obligación Colateralizada de Deuda) sintético. “A Wall Street le encanta usar términos confusos para hacernos creer que sólo ellos pueden hacer lo que hacen. O aún mejor, para que no hagan preguntas”, sentencia uno de los protagonistas de la película “The big short”. Nominada a mejor película en los premios Oscar 2016, dirigida por Adam McKay y basada en el libro homónimo de Michael Lewis, no es casual en ella la elección de personajes famosos para acercar al común de los mortales cómo es el oscuro funcionamiento de los mercados capitalistas, o más concretamente, qué hay tras los términos rimbombantes con los cuales se disfrazan los fraudes de las finanzas. “Nos están engañando a todos, ¿sabes? ¿Y qué es lo que les importa [a la gente]? Les importa un partido, o qué actriz entró en rehabilitación”, sentencia Mark Baum (Steve Carell).
Pero la ironía de estos pasajes son apenas pequeños deleites en una película única que se propone seguir los pasos de quienes anticiparon el colapso de la economía mundial en el 2008. Como si fuese ciencia ficción, sólo el público y un grupo de “adelantados” son conscientes desde un comienzo de que algún tipo de catástrofe está por suceder. Pero lo novedoso es que el sustrato del argumento está basado en una historia real. Y peor aún, actual. Tal es así que no hay acuerdo aún si el género al que pertenece la película es comedia, o drama.

Por distintos caminos, un grupo de operadores de Wall Street descubrió años antes de la llamada “crisis de las hipotecas” que algo no estaba bien en los indicadores financieros en el centro neurálgico del capitalismo. “Frikis” en apariencia, osaron sensatamente cuestionar los preceptos del mercado y encontrar así las fallas que podrían catapultarlos a embolsar ganancias millonarias. Claro, al punto de caer en la cuenta de que incluso ellos mismos habían tenido confianza hasta el último momento en los mecanismos de mercado, que más tarde o más temprano, terminarían dándoles la razón.

Christian Bale, representando a Michael Burry, un ex neurólogo que creó el fondo Scion Capital, no sólo se caracteriza por contar con un sólo ojo, sino que paradójicamente tuvo una visión brillante sobre el devenir de los créditos hipotecarios, incuestionables hasta el momento por su supuesta solidez y el escaso riesgo. Esto le llevó a inventar una operación inédita con los grandes bancos consistente en “vender en corto” (apostar) millones de dólares contra los bonos de las hipotecas, lo que le valió el enojo de más de un inversionista por considerarlo una locura. Similar idea, aunque sin haber tenido relación alguna con el primero, realizó un gerente de fondos de cobertura, Mark Baum, junto con su equipo, a propuesta de Jared Vennett (Ryan Gosling) un comerciante del Deutsche Bank; y un par de ambiciosos jóvenes amateurs apadrinados por Ben Rickert (Brad Pitt), quien aparece como un ex operador asqueado de las miserias del capitalismo y que, ante la falta de una alternativa, cae en un escepticismo sobre el mundo que lo rodea.

La gran apuesta no es aquella que refiere al desplome de los créditos hipotecarios y la burbuja financiera que sobre ellos se montó, sino que se devela como una apuesta contra la propia economía norteamericana y también entonces de la economía mundial. Si estos sujetos tenían razón en el 2005 sobre el trágico desenvolvimiento del sistema, si ellos “ganaban” en su juego financiero, esto no podría significar otra cosa que lo que estaba en curso era una trágica crisis económica que impactaría principalmente sobre los que menos tienen: los trabajadores, los inmigrantes, los negros, los “contribuyentes”, de donde saldrían los fondos para hacer los “rescates” a los grandes bancos responsables de la debacle. “Cuando el desempleo sube 1% mueren 40 mil personas”, explica Ben. Sutilmente y a cada paso la película se va constituyendo, quizá sin pretenderlo, en una profunda crítica del capitalismo actual. La sed de ganancias insaciables, el cinismo y el fraude que transcurre de trasfondo en las transacciones embellecidas por la supuesta transparencia del mercado y que se personifica en cada uno de los sujetos individuales cegados por su oportunidad de negocios, no son una anomalía, sino la forma en que el sistema funciona, y no puede ser de otra manera.

La película repasa a su turno las responsabilidades compartidas por la banca, las calificadoras de riesgo y el sistema político en la explosión de la crisis. Todos tienen una importante dosis de hipocresía en su accionar “buitre” sin importar las consecuencias. Desde el último vendedor de hipotecas que se aprovecha de la necesidad de miles de familias sin hogar y sin trabajo, hasta el más alto vendedor de bonos basura para seguir reproduciendo las ganancias de la firma (y la suya propia). Si, la banca reduce las personas a números. No obstante, “ni ellos saben lo que están haciendo”, señala Michael Burry, mostrando cabalmente que es la propia organización caótica de la economía capitalista el motivo último del desplome y las crisis del sistema.

Mención especial merece el desfile de bancos que muy bien sonarán conocidos a los oídos de los argentinos por las grandes comisiones que se embolsaron con el arreglo buitre del pasado 22 de abril, como JP Morgan o el Deutsche Bank, entre otros de los principales implicados del crack. O las calificadoras como Standars and Poor´s o Moody`s, respondiendo ante todo a sus mejores postores por sobre todo motivo. No hay ningún engranaje faltante en esta película de terror realista, que cuenta además con atractivos recursos de estilo y destacadas actuaciones. Lo único ficticio allí es el valor de los bonos basura.

“Así es como funciona el mundo”, termina por plantear un protagonista de la historia. Pero a ocho años de la quiebra de Lehman Brothers, el dolor de cabeza aún no se ha disuelto. El llamado “estancamiento secular” que reconocen los economistas del capital, o el bajo crecimiento global experimentado desde entonces preocupa a más de un funcionario imperialista. Siendo que el riesgo de un nuevo estallido como el de 2008 no esté descartado en el corto plazo, La gran apuesta se convierte en una película de sumo valor para recordar, en forma tragicómica, cuál es el mundo en el que vivimos.

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