SUPLEMENTO

Los hombres no saben amar

Por las revistas: Laia Jubany

FEMINISMO

Los hombres no saben amar

Laia Jubany

Una reseña del libro La voluntad de cambiar, de bell hooks, originalmente publicada en la revista Catarsi.

Los hombres son a la vez víctimas y victimarios del patriarcado. En La voluntad de cambiar (Tigre de Paper, 2021) la escritora y teórica feminista bell hooks [1] sitúa el reto de pensar la masculinidad y su transformación desde el feminismo.

El amor es la mayor frustración para los hombres: la falta de capacidades de conectar con los sentimientos, de interaccionar desde la ternura y, por tanto, de amar, se convierte en sufrimiento y frustración para las mujeres que aman a los hombres y sufrimiento para los propios hombres. Ellos ansían el amor. Este sería el punto de partida de bell hooks en el libro La voluntad de cambiar.

A poco más de un mes que Gloria Jean Watkins, más conocida como bell hooks nos dejara, Tigre de Paper ha publicado, en catalán, La voluntad de cambiar [también editado en castellano como El deseo de cambiar, Bellaterra, 2021], un libro escrito en 2004. Hooks tiene una larga trayectoria feminista y es conocida por sus posiciones polémicas respecto al amor, los hombres y el feminismo.

En este libro, la autora se dirige a las mujeres feministas para que consideren que los hombres también deben ser incluidos en la lucha contra el sexismo y el patriarcado. Incluirlos no es dejarlos actuar como apoyo externo, sino considerarlos sujetos que también saldrán beneficiados y, por tanto, pide que sean escuchados. Mantenerlos actuando solo desde la solidaridad conlleva que la capacidad de incidencia y transformación de los hombres quede reducida a los momentos de auge del feminismo, y arriesgar a que cuando las energías del movimiento disminuyan el viejo orden patriarcal se restablecerá.

Todo el libro es debate y provocación. Sus planteamientos buscan confrontar con las corrientes del feminismo radical y el lesbianismo político que crecía en los años ’70, ’80 y ’90. Estas corrientes habían roto el tabú del dolor que infligen los hombres sobre las mujeres, y al empezar a compartir el dolor entre las mujeres, el sentimiento se reconvertía en rabia hacia ellos:

El feminismo militante daba permiso a las mujeres para desatar la rabia y el odio hacia los hombres, pero no nos permitía hablar de qué significaba amar a los hombres en una cultura patriarcal, saber cómo podíamos expresar ese amor sin miedo a la explotación y la opresión.

Si en la actualidad el papel de los hombres es un tema poco resuelto, no puedo imaginar la dificultad de expresar los posicionamientos de la autora años atrás. La crítica que hacía bell hooks también se extendía a la teoría, puesto que consideraba que estas posiciones hacían fallar el conocimiento de cómo funciona el patriarcado. Etiquetar a "todos los hombres como opresores y todas las mujeres como víctimas era una forma de desviar la atención de la realidad de los hombres y de nuestra ignorancia en relación con ellos".

Esta última frase, en el prólogo del libro, es la que me atrapó en la lectura. Será por casualidad, pero hace unos meses que en mi entorno de amigas se repite que no entendemos a los hombres. Parece la inversión del tópico sexista "las mujeres son difíciles de entender"; sin embargo, no lo hablamos desde una imposibilidad genética, sino de la dificultad de conectar con aquel a quien le cuesta expresarse, lo que intensifica el miedo en las relaciones. Este punto es el que me hizo conectar con el libro. Mientras unas nos hemos socializado compartiendo una vertiente más emocional, con la exigencia de empatizar y con el hábito de criticar y autocriticarnos (no exento de controversias), no son características que se esperan del género masculino, y son características necesarias en los vínculos intensos.

La voluntad de cambiar es un libro dirigido a las mujeres feministas, y con un enfoque principalmente cultural, que apela más a la conciencia que a la dinámica social, poco materialista. Hooks intenta hacer comprensible cómo se fomenta la masculinidad patriarcal (y aquí la infancia tendrá mucho peso); cómo impacta la masculinidad en el sentir y actuar de los hombres adultos, principalmente en las relaciones con mujeres (en el ámbito familiar y en parejas heterosexuales). Pide entender y conocer la masculinidad para poder proponer una masculinidad alternativa o nueva masculinidad en la que los hombres puedan referenciarse. Una masculinidad orientada a la bondad, esencial para las relaciones, y a la pérdida del miedo, que soslaya la masculinidad patriarcal (caracterizada por el narcisismo, el infantilismo, dependiendo de los privilegios de su género). Y viene a decirnos que muchos hombres quieren cambiar, dejar de hacer daño, dejar de vivir con miedo y rabia; pero ellos no saben cómo ni por dónde empezar. Esta propuesta vuelve a ser un desafío directo al feminismo abolicionista del género (como el feminismo radical). Considera que hasta ahora se ha caído en un imaginario poco reflexionado en el que la masculinidad se convierte en feminidad, esperando de los hombres que se comporten como mujeres. Posiciones que ahorran conocer cómo se vive la masculinidad.

Hooks constantemente hace referencias directas o indirectas al feminismo radical. Mientras la teoría feminista hablaba del poder masculino, cómo los hombres lo tienen todo, no se hablaba "de la profunda miseria interior de los hombres", que es lo que la autora irá repitiendo en los distintos capítulos. El amor será el principal punto de conflicto y frustración. Los chicos desde la infancia, y sobre todo en la adolescencia, aprenden a alejarse de la ternura. A medida que los niños crecen se los trata con más frialdad, se los aparta del amor, y "ser un hombre" es sinónimo de tragarse las emociones y salir adelante. Así es que aprenden a desarrollar la capacidad de ignorar la mayoría de las emociones y solo conectar con la rabia y la ira, que sí son consideradas como masculinas, y a menudo esconden la depresión, la tristeza o el miedo que no pueden o no saben expresar ni reconocer. Así, es imposible tener relaciones que actualmente calificaríamos como sanas. Hooks directamente dice que así los hombres no pueden amar. Pero ellos quieren amor. Vivirán anhelando un amor que no saben ni cómo practicar. No saben expresar sentimientos, no podrán trasladar los conflictos que viven, ni comunicarse desde la empatía y comprensión al otro, "cuanto más angustiado está el chico, más intensa es la máscara de indiferencia. El bloqueo emocional es la mejor defensa cuando debe negarse el anhelo de vínculo". La incapacidad de establecer vínculos emocionales hará que se vuelvan fríos en las relaciones a la vez que vivirán en constante miedo al abandono,

[La ira] es un intento, a menudo exitoso, de apartar lo que más desea: la compañía y la comprensión. Es una negación de la humanidad de los demás, a la vez que una negación de la propia humanidad. La ira es el sufrimiento de creer que no te pueden entender, y que no eres digno de comprensión. Es un muro que te separa de los demás de una forma tan eficaz como si fuera un cemento, grueso y muy alto.

Las reacciones exageradas, según hooks, son herramientas para poner a prueba el amor de su compañera con la que comparte un vínculo sexo-afectivo; buscan la seguridad de ser queridos, pero para las mujeres se convierten en formas de violencia psicológica.

… el maltrato emocional es un proceso constante en el que un individuo desprecia y destruye el yo interior de otro. Se denigran constantemente las ideas, sentimientos, percepción y características personales esenciales de la víctima. […] no es solo un componente del vínculo de pareja; puede determinar la forma en que se relacionan todos los miembros de la familia.

Está tan normalizada la violencia en relaciones heterosexuales, que a menudo las mujeres solteras que quieren estar con hombres

Creen que no pueden evitar ser víctimas, en algún momento, del maltrato físico y/o emocional en manos de un compañero masculino. La aceptación colectiva por parte de las mujeres de la violencia de los hombres en las relaciones de amor, aunque esta aceptación disimule la rabia, el miedo o directamente el terror, hace que sea difícil desafiar y cambiar la violencia masculina.

"[Las mujeres] aprenden a conformarse con cualquier atención positiva que los hombres puedan darles. Aprenden a sobrevalorarla. Aprenden a hacer ver que esto es amor". Cuando las mujeres quieren finalizar con las situaciones de violencia más o menos explícitas, acabar con relaciones con compañeros hombres que se aíslan, se muestran fríos y no se comunican, y las mujeres rompen con la relación, la reacción de una masculinidad patriarcal tampoco es un aprendizaje de las rupturas. La reacción es enfadarse, un sentimiento de abandono y desconfianza respecto del amor. Se alejan aún más de ese amor que anhelan y no saben practicar.

Con el fin de huir de los conflictos, huir del miedo y la posibilidad de sentir soledad se vuelven aún más exigentes y aumentan la presión hacia las mujeres

… buscan a la mujer perfecta, hecha a medida, porque piensan, básicamente, que los problemas de una relación no se pueden resolver. Cuando una pequeña cosa va mal, parece más fácil huir corriendo que hablar. El pretexto masculino es que los hombres de verdad no sienten dolor.

Lo que hooks aconseja a los hombres para aprender a amar y dejar de huir y maltratar es no concebir al amor solo como un sentimiento, sino también un acto. Debe combinarse "cuidado, compromiso, conocimiento, responsabilidad, respeto y confianza". El problema es que los hombres patriarcales se han educado en el arte de ofrecer cuidado instrumental, cuidado al proveer materialmente, y los cuidados van más allá. Cuando las mujeres exigen a los hombres dar más emocionalmente, muchos hombres ni siquiera entienden lo que se les pide, están convencidos de que ejercen los cuidados. Cuando además, los cuidados se combinan con diferentes formas de violencia en ciertos momentos y ternura en otros, se generan historias tipo Dr. Jekyll y Mr. Hyde, parece que la personalidad se desdobla en dos caracteres difícilmente asociables; lo que nos dificulta examinar cómo la violencia interfiere en la forma en que los hombres y dan reciben amor. Dificulta también poder reconocer la violencia, incluso cuando los hombres la detectan, se disculpan y se avergüenzan; sostener emocionalmente haber hecho daño es tan doloroso, que a menudo se cae en culparla a ella y a la relación. Si esto ocurre con más de una mujer, pasará a culparlas a "ellas" y los defectos personales se racionalizan. Se programa para la violencia íntima.

La carencia de habilidades emocionales que aísla a los hombres, también se expresa en la sexualidad. El sexo se convierte en un ámbito en el que llenar vacíos. Se asocia al único sitio donde expresar sensualidad e intimidad; una relación donde la conexión con el cuerpo está permitida, donde la vulnerabilidad no es mal vista, y se presenta como un consuelo para el anhelo de conectar con otra persona y romper la soledad. Todo ello intensifica el deseo masculino, al ser un paliativo para las frustraciones; pero, no resuelto el problema de fondo (no conectar con las emociones, no saber amar), quedan en constante estado de carencia. Se le añade que, por la proximidad corporal y la intimidad, y una socialización de violencia machista, el sexo también es un espacio donde puede normalizarse la agresividad y los hombres que toman conciencia de haber hecho daño o poderlo hacerlo a través de la sexualidad, señala el libro, pueden acabar teniendo miedo de su práctica, miedo a hacer daño.

Hooks realiza una doble función: reconocimiento del dolor de las mujeres y del dolor de los hombres. Considera que los hombres son victimarios y víctimas del patriarcado, y estar a ambos lados del mostrador tampoco es una posición tan extraña. Hooks nos recuerda que las mujeres también ejercen sexismo y pueden recibir beneficios al cumplir normas patriarcales, así como exigir su cumplimiento a otras mujeres (pone mucho énfasis en la educación que las madres dan a los hijos e hijas). Los hombres reproducirían situaciones similares de ambivalencia.

La masculinidad patriarcal debe situarse en todo el proceso de socialización y en todas las etapas de la vida. Viéndolo como un problema de conjunto, la autora reclama responsabilidades a las mujeres (recuerdo que el libro se dirige a las mujeres feministas) respecto al desarrollo de la masculinidad patriarcal. Pide que se apoye a los hombres que tienen la voluntad de cambiar. Cuando los intentos de expresión de los sentimientos, por parte de los hombres –sobre todo aquellos relacionados con malestares, miedos, inseguridades, tristeza respecto al amor– no son escuchados, se agrava la sensación de aislamiento y se refuerza la masculinidad patriarcal. Escuchar las expresiones de estos sentimientos puede ser doloroso para las mujeres, vivido como un fracaso, ya que se les ha enseñado que ellas son responsables de las relaciones y fallar duele. A menudo, autorresponsabilizarse de las relaciones, las ha llevado a querer cambiar a los hombres para que no hicieran daño, para que funcionaran las relaciones, ha llevado a hacer creer que las mujeres

… podíamos salvar a los hombres de nuestra vida dándoles amor, y que este amor servirá de cuidado para todas las heridas infligidas por los asaltos tóxicos a su sistema emocional, por los ataques al corazón emocionales que sufren cada día. Las mujeres podemos participar en ese proceso de curación. Podemos hacer de guías, instructoras, compartir información y técnicas, pero no podemos hacer por los chicos ni por los hombres lo que tienen que hacer ellos solos. Nuestro amor ayuda, pero por sí solo no salva a los chicos ni a los hombres. Básicamente, los chicos y los hombres se salvan cuando aprenden el arte de amar.

Si en el pensamiento de hooks he podido reconocer a varios hombres, también hay otros que no, por suerte. Casi han pasado veinte años de la publicación del libro, la sociedad ha cambiado y quiero pensar que la influencia del auge del movimiento feminista de los últimos años ha tenido impacto en la masculinidad. Rápidamente se detecta, entre generaciones, sobre todo entre los hombres que han tenido más o menos contacto con el movimiento feminista (sin que esto sea una garantía de nada). Personalmente, sus planteamientos me han provocado acuerdo, desacuerdo y dudas. Esta última cita es uno de los puntos que me genera mayor conflicto del libro, porque intuyo una demanda a desempeñar un rol maternal y compasivo hacia ellos. La compasión es útil para no culpabilizarnos cuando nos encontramos ante la frustración de la masculinidad patriarcal, pero esa compasión que acerca al perdón, no sé concebirla sin una excesiva condescendencia y una justificación de comportamientos machistas.

La masculinidad tradicional ya ha dado paso a otras formas de masculinidad, así que existen planteamientos de hooks que creo que no se acompañan de problemáticas derivadas, y en cada época debemos ver las diferentes formas que adopta la violencia. Por ejemplo, un peligro en la demanda que las mujeres escuchamos a los hombres es el uso de la expresión como una forma de captar la atención de las mujeres, profundizando en una de las demandas de la feminidad, la escucha y la empatía. Esta puede ser una herramienta para ganar centralidad en la relación en forma de chantaje emocional, donde las mujeres nos responsabilizamos del malestar ajeno y los hombres afligidos adoptan un rol de víctima dirigido a perpetuar el desequilibrio de los cuidados. Otro cambio es que las expresiones de ira y rabia actualmente están problematizadas y asociadas con la violencia machista y encontramos cada vez más hombres con autocontrol (por suerte), que no quiere decir que no sientan la rabia o la ira, pero se la guardan o bloquean los sentimientos huyendo constantemente de lo que les puede crear conflicto, en lugar de aceptar los malestares y buscar posiciones de resolución. La respuesta a los malestares y situaciones conflictivas terminan reduciéndose a rabia o negación. Cuando no se ha desarrollado una relación con el resto de los sentimientos, lo más probable es una desorientación interior, que puede convertirse en aislamiento, fugas imprevistas o marear a las personas más cercanas, y generar mayor distancia e incomprensión por parte del entorno. Tampoco es extraño encontrar a hombres expresivos y dulces, tal y como hooks reclama, y ​​a estos perfiles cuesta asociarlos con la violencia física o el maltrato emocional (ya sea activa o pasivamente a través de la ruptura de la comunicación). Vemos que el problema de cómo amar sigue existiendo mientras la masculinidad patriarcal adopta nuevas formas.

La demanda principal es no caer en un feminismo donde la masculinidad es cosa de los hombres, y excusándonos en un "ellos ya lo harán" evitar pensar qué esperamos de la masculinidad. La masculinidad patriarcal es una construcción social y una problemática para todos. Este libro no deja de ser un libro de mujeres hablando de hombres, y resulta extraño no encontrar voces propias. La autora formula pocas demandas hacia los propios hombres en la búsqueda de cambiarse, más allá de la voluntad y la expresividad. Considero que será necesaria práctica para cambiar y son justamente ellos el ejemplo y modelo de la masculinidad, así que tienen mayor capacidad de influencia.

Los amigos son los árbitros de lo masculino y lo femenino, de modo que la resiliencia entre los niños de una comunidad depende de que se cambien las actitudes machistas entre los grupos de compañeros masculinos y que se amplíe su concepto de lo que es y lo que hace un hombre de verdad.

Coincido con la importancia de que los hombres puedan compartir sentirse afligidos por ellos, y sus relaciones entre ellos y con las mujeres. Creo que es necesario que compartan emociones, pero especialmente entre hombres, las faltas, las dificultades (que no quiero llamar límites o carencias), individuales y colectivas, y cuestionarse y cuestionar a los compañeros asumiendo que estas dificultades existen, por tanto, con la responsabilidad de estar atentos a los roles y superarlos. Compartir los errores pasados, y los que vendrán, expresarse, reforzar entre hombres las buenas y malas prácticas desde el amor, sin confundir la crítica con el destierro y el castigo, sino con entrega y confianza.

Los hombres responsables son capaces de autocrítica. Si más hombres hicieran el trabajo de la autocrítica, no se sentirían heridos, doloridos o disgustados con las críticas de los demás, especialmente de las mujeres con las que tienen una relación íntima. Enfrentarse con la autocrítica empodera a los hombres responsables por reconocer los errores cuando han dañado a los demás, están dispuestos a reconocer el daño que han hecho y a repararlo. Cuando los demás les han hecho daño a ellos, son capaces de perdonar. La capacidad de saber perdonar forma parte de soltar el perfeccionismo y aceptar la vulnerabilidad.

"La mayoría de hombres no han escogido conscientemente al patriarcado como la ideología que quieren que les gobierne la vida, las creencias y las acciones". Hay posibilidades de cambio y queda mucho camino. Para poder entender cómo actúa el sexismo es necesario ir más allá de la dimensión emocional sin descartarla. Debemos ver hechos y acciones que perpetúan el patriarcado, situarlas en relación a la sociedad y a sus funciones y, aquí sí, de qué forma nuestras emociones nos modulan para actuar en una dirección u otra, consciente e inconscientemente. Y en el caso de la masculinidad, hay poca reflexión. Tenemos muchísimas voces de hombres en la mayoría de las temáticas y muy pocas hablando de cómo actúa y les afecta la masculinidad de forma crítica. La intervención sobre el patriarcado debe ser desde todos los frentes, y para poder tener una visión de conjunto comparto que debemos incluir los efectos, percepciones y sentimientos de ambos géneros.

Traducción: Andrea D’Atri


NOTAS AL PIE

[1Seudónimo que se adjudicó en honor a su madre y su abuela y que escribía en minúsculas porque consideraba que, de ese modo, se enfatizaba sus ideas y su obra y no su persona.
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Laia Jubany

@laiajds
Economista. Integra el Seminario Taifa de Economía Crítica, de Barcelona y el comité de redacción de la revista catalana Catarsi.
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