SUPLEMENTO

Marx: alienación y comunismo

Juan Dal Maso

RESEÑA
Ilustración: Natalia Rizzo

Marx: alienación y comunismo

Juan Dal Maso

A propósito de Karl Marx’s Writings on Alienation, editado e introducido por Marcello Musto.

Este libro, publicado en inglés este año por Palgrave Macmillan, recoge una selección de textos de Marx sobre la temática de la alienación.

El tema parece particularmente pertinente en un contexto en que la precarización de las condiciones de vida así como la generalización del teletrabajo durante la pandemia volvieron a poner en discusión los efectos que el proceso de producción (en sentido amplio, no solo industrial) tiene sobre la vida de la clase trabajadora en sus múltiples aspectos, empezando por la afectación del tiempo libre. El fenómeno de la “great resignation” o “Big Quit”, es decir la renuncia masiva en trabajos mal pagos y que no garantizan condiciones básicas de seguridad e higiene, en Estados Unidos, es parte también de este panorama, al que se suma la oleada de huelgas conocida como Striketober, y otros procesos de lucha de la clase trabajadora en todo el mundo.

El libro está organizado en dos partes. La primera está conformada por el estudio introductorio de Marcello Musto, titulado “Alienation Redux: Marxian perspectives”. Este texto presenta las características principales del tratamiento de la cuestión de la alienación en Marx, con sus cambios respectivos a medida en que avanza su trayectoria teórica, así como discute las diversas lecturas de la cuestión en otras tradiciones y diversas vertientes del marxismo del siglo XX.

La segunda parte del libro se compone de un conjunto de escritos de Marx, organizados en tres secciones. La sección “Early Political and Philosophical Writings” contiene textos de 1844 a 1856, que incluyen pasajes de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, La Sagrada Familia y La ideología alemana, entre otros. Sigue una sección con textos de los Grundrisse y su manuscrito sobre crítica de la economía política de 1861-63, así como de Teorías de la Plusvalía. La última sección se compone de textos preparatorios de El capital y pasajes de El capital mismo, incluyendo fragmentos de los manuscritos de 1863-65 y del capítulo VI Inédito.

A través de esta selección de textos, puede lograrse una idea clara del tratamiento de la problemática de la alienación y su lugar en el pensamiento de Marx. En este artículo, repasaremos los principales argumentos planteados por Musto en la Introducción.

En el principio, Hegel

El primer tratamiento sistemático de la cuestión de la alienación aparece en Hegel, especialmente en su Fenomenología del espíritu. En el caso de Hegel, la cuestión estaba relacionada con una teoría idealista del espíritu que se objetivizaba en la realidad, dando lugar a una separación entre sujeto y objeto que luego era superada a través de la conquista de la identidad entre ambos. Pero también tenía ciertos ribetes materialistas, destacando la importancia del trabajo como forma de objetivación de la actividad humana. Sin embargo, al no tener una concepción suficientemente clara de la especificidad del trabajo bajo el capitalismo, Hegel identificó alienación y objetivación (es decir la actividad que produce o modifica los objetos materiales distintos del sujeto y de las ideas).

Ludwig Feuerbach retomó la categoría para hacer referencia al fenómeno religioso y explicar sus bases materialistas. Marx utilizó poco el término en los trabajos publicados durante su vida y en general fue ignorado por el marxismo hasta la aparición de Historia y consciencia de clase de Lukács.

Redescubrimientos y distorsiones

En su célebre obra de 1923, Lukács retomó el argumento de la alienación, utilizando el término “reificación”, con el que explicaba el hecho de que la actividad productiva se presenta al trabajador como algo objetivo e independiente de su voluntad. Esta visión se inclinaba, por influencia de Hegel, a asimilar alienación con objetivación y no es casual que la idea del proletariado como “sujeto-objeto idéntico de la historia” fuera central para Lukács, dada la tendencia a conceder al tema una portada filosófica más amplia que la que podía desprenderse de las obras de Marx publicadas hasta ese momento. Más apegado al marxismo clásico y lejos de la teoría del sujeto-objeto idéntico, Isaak Ilich Rubin puso en el centro de su explicación de la teoría marxista del valor la cuestión del fetichismo de la mercancía, no como un problema de la consciencia sino como un proceso social necesario de la economía capitalista, relacionado con el carácter privado de la producción para el mercado. Pero su obra Ensayos sobre teoría marxista del valor se mantuvo mayormente desconocida fuera de la URSS hasta los años ´70, en que fue traducida al inglés.

La publicación en 1932 de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Marx fue el evento que dio impulso a los debates sobre el concepto de alienación tanto para quienes investigaban el pensamiento de Marx como entre diversas tendencias de la filosofía y las ciencias sociales, así como en ciertos sectores militantes, junto con las relecturas en clave humanista del pensamiento de Marx.

En los Manuscritos, Marx definía la alienación en términos de un proceso por el cual el producto del trabajo se volvía un objeto externo para el trabajador, pero también como un poder que se le volvía en contra como algo extraño y hostil y señalaba cuatro aspectos de la alienación del trabajador en la sociedad burguesa: 1) Respecto del producto de su trabajo. 2) Respecto de su actividad laboral, que percibe como algo dirigido contra él. 3) Respecto de su ser genérico (de su propio cuerpo y facultades físicas y espirituales). 4) Respecto de los demás seres humanos.

Mientras para Hegel la alienación era algo inherente a la objetivación, Marx la concebía como una característica específica del trabajo bajo el capitalismo. Por esta razón, tampoco resultaba consistente releer los Manuscritos en clave de una crítica de la alienación humana en general, independientemente de la cuestión de clase. Aclaremos de paso que en Hegel había una concepción de autoproducción del ser humano por el trabajo, que se hace patente en su célebre dialéctica del amo y el esclavo, cuestión que estaba relacionada con sus lecturas de la economía política británica y que Marx reivindicaba en sus Manuscritos. Pero Marx señalaba a su vez que estos aspectos acertados del pensamiento de Hegel sobre la cuestión del trabajo quedaban subordinados a una concepción en la que el análisis de la alienación se centraba especialmente en la alienación del pensamiento abstracto que se resolvía en una superación de la objetividad, por lo cual consideraba más adecuada la solución de Feuerbach hacia el materialismo, aunque este tuviese una lectura de Hegel poco sofisticada.

Musto sintetiza bien los alcances y limitaciones de este texto de Marx:

Subrayar la importancia del concepto de alienación en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 para una mejor comprensión del desarrollo de Marx no puede suponer correr un velo de silencio sobre los enormes límites de este texto juvenil. Su autor apenas había comenzado a asimilar los conceptos básicos de la economía política, y su concepción del comunismo no era más que una síntesis confusa de los estudios filosóficos que había realizado hasta entonces. Por muy cautivadores que sean, sobre todo por la forma en que combinan ideas filosóficas de Hegel y Feuerbach con una crítica de la teoría económica clásica y una denuncia de la alienación de la clase obrera, los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 son sólo una primera aproximación, como se desprende de su vaguedad y eclecticismo. Arrojan una luz importante sobre el curso que tomó Marx, pero una enorme distancia los separa todavía de los temas y el argumento no sólo de la edición terminada de 1867 del Libro Primero de El Capital, sino también de sus manuscritos preparatorios, uno de ellos publicado, que redactó desde finales de la década de 1850. A diferencia de los análisis que, o bien hacen hincapié en un "joven Marx" distintivo, o bien intentan forzar una ruptura teórica en su obra, las lecturas más incisivas del concepto de alienación en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 han sabido tratarlos como una etapa interesante, pero solo inicial, en la trayectoria crítica de Marx. Si no hubiera continuado sus investigaciones, sino que se hubiera quedado con los conceptos de los manuscritos de París, probablemente habría sido degradado a ocupar un lugar junto a Bruno Bauer (1809-1882) y Feuerbach en las secciones de los manuales de filosofía dedicadas a la izquierda hegeliana [1].

Posteriormente, Musto reconstruye y discute otras concepciones de la alienación características del siglo XX, entre las que destaca la de Heidegger, con su idea del “estado de caída” ligado a la pérdida de autenticidad del ser en la experiencia del mundo, muy alejada de la cuestión tal como fuera tratada por Marx. En Marcuse, Musto señala una identificación de alienación y objetivación así como un desplazamiento de la cuestión de la liberación del trabajo a la de la líbido; mientras en Adorno y Horkheimer la alienación aparece como un extrañamiento relacionado con el control social y la manipulación de la cultura de masas. Otra lectura como la de Erich Fromm, influenciado por el psicoanálisis, retomó la cuestión de la alienación como algo característico de la experiencia subjetiva individual, mientras las relecturas existencialistas y neohegelianas de la cuestión, desde Sartre a Jean Hippolyte, la presentaron como algo característico de la experiencia de la autoconsciencia humana a lo largo de toda la historia.

Las lecturas existencialistas, así como otras como la de Hannah Arendt, tomaban solamente la cuestión de la “auto-alienación” o alienación del individuo respecto de los demás seres humanos, sin tomar en cuenta los demás aspectos señalados por Marx en su crítica inicial de la economía capitalista.

Entre las posiciones marxistas de los años de la segunda posguerra que discutieron sobre los Manuscritos, Musto destaca tres: 1) quienes los consideran un texto de transición sin mayor importancia; 2) quienes dividen al “Joven Marx” del “Marx Maduro”, tomando partido por uno u otro, desde lecturas que contraponen los Manuscritos con El capital; 3) quienes ven una continuidad en toda la trayectoria teórica de Marx, otorgándole una especie de unidad monográfica a través de la cuestión de la alienación.

Musto señala la unilateralidad de estas tres posiciones, afirmando la importancia de pisar terreno firme en cuanto a la interpretación de la obra de Marx, a partir de constatar cómo se modifica la cuestión de la alienación en relación con su comprensión de la economía capitalista y la consiguiente elaboración de la crítica de la economía política, diferenciándola asimismo de otras posiciones que surgieron en los años ‘60, como las de Guy Debord, Jean Baudrillard o desde el lado conservador la sociología norteamericana.

Entre la desalienación y la autonomía

La cuestión de la alienación ha estado presente en importantes debates del marxismo durante el siglo XX. En este caso me interesa comentar dos en los que Musto no se detiene especialmente, pero pueden considerarse contenidos en el recorrido que traza. Un caso importante de apropiación de la temática de la alienación fue el de los comunistas disidentes en los países del Este. Buscaron apoyarse en las lecturas de los Manuscritos económico-filosóficos y más en general en la crítica de Marx a la alienación y el fetichismo de la mercancía, para hacer una crítica del estalinismo en diversos niveles, especialmente contra el sistema de gobierno basado en la burocracia y la vigilancia policial, el productivismo y los métodos “despóticos” en las fábricas y la promoción de una concepción acrítica de la realidad. Casos como los de Karel Kosik con su Dialéctica de lo concreto, Mihailo Markovic con su Dialéctica de la praxis o Gajo Petrovic con su Marxismo contra stalinismo son representativos de este tipo de lecturas, con sus diferencias y puntos de contacto. Caído el estalinismo, podría parecer que son reflexiones anacrónicas o demasiado específicas, pero creo que verlo de esa forma sería un error. Cualquier discusión sobre cómo tiene que ser el socialismo implica un balance y una crítica del estalinismo y allí, además del legado teórico, programático y político de Trotsky y la Oposición de Izquierda, también pueden hacer su aporte quienes tuvieron que enfrentar al estalinismo desde una “vuelta a Marx” que se les aparecía en ese momento como la única alternativa cercana, ante la falta de continuidad de las tradiciones oposicionistas producto de la represión.

La otra gran vertiente relacionada con el rechazo de la alienación, pero sin utilizar el concepto de la misma forma que los marxismos humanistas, es la del operaismo primero y el autonomismo después, que sigue teniendo peso en los debates actuales. Cercana en sus orígenes a las lecturas de Galvano Della Volpe, esta tradición fue siempre reactiva a las lecturas hegelianizantes del marxismo. Pero también sostenía una concepción distinta de la del marxismo clásico sobre la relación entre lucha de clases y avance tecnológico. Para el operaismo, como sintetizaba Mario Tronti en Obreros y Capital, el desarrollo capitalista era consecuencia de la lucha de la clase obrera. Esta visión relativizaba de manera sutil el carácter “extraño y hostil” del proceso de producción para el trabajador y hacía hincapié en el desarrollo de la conflictividad fabril contra el comando capitalista del trabajo. Posteriormente, Antonio Negri, influenciado por el postestructuralismo y las teorías del “capitalismo cognitivo” hizo una relectura de estos temas, amplificando la noción de general intellect planteada por Marx en su fragmento sobre las máquinas (del que se incluyen pasajes en esta compilación) a una potencia que se despliega como trabajo afectivo, comunicativo y cognitivo. Contradictoriamente, esta posición termina en una reivindicación de la progresividad del desarrollo capitalista menos crítica que la de Marx, ya que este señalaba la contradicción entre los avances de la ciencia y la técnica y el modo de producción capitalista, como expresión de la contradicción de clase caracterizada por la extracción de plusvalor y la imposibilidad de liberar a la fuerza de trabajo sin cambiar el sistema por medios revolucionarios. Volvamos a Marx, para ver cómo pensó este problema.

Alienación y explotación capitalista

En El capital y sus manuscritos preparatorios, así como en el capítulo VI inédito, Marx desarrolla la noción de alienación mucho más ligada a una teoría más clara de la explotación capitalista y la extracción de plusvalor.

Señala Musto:

Hasta fines de la década de 1850, no hubo más referencias a la teoría de la alienación en las obras de Marx. Después de la derrota de las revoluciones de 1848, se vio forzado a exiliarse en Londres, donde una vez instalado, concentró todas sus energías en el estudio de la economía política y, aparte de algunos muy breves trabajos de temas históricos, no publicó otro libro. Cuando comenzó a escribir sobre economía otra vez, de todos modos, en sus Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (1857-58), más conocidos como los Grundrisse, más de una vez utilizó el término “alienación”. Este texto retomó en varios aspectos los análisis de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, aunque cerca de una década de estudio en la Biblioteca del Museo Británico le permitieron hacerlos considerablemente más profundos [2].

En los Grundrisse, Marx relaciona directamente la cuestión de la alienación con la del intercambio de mercancías, así como en el capítulo VI inédito de El capital hace referencia al proceso de personificación de las cosas y cosificación de las personas. Pero avanza más aún planteando que el capital subordina a su propio interés no solo la actividad inmediata del trabajador sino también el proceso de cooperación en la producción, los avances científicos y tecnológicos aplicados a la producción y la mejora y desarrollo de la maquinaria. Estas cuestiones entran también en juego cuando Marx define en El Capital el fenómeno del fetichismo de la mercancía.

Marx explica el fetichismo de la mercancía como un proceso necesario de la producción capitalista:

Ese carácter fetichista del mundo de las mercancías se origina, como el análisis precedente lo ha demostrado, en la peculiar índole social del trabajo que produce mercancías. Si los objetos para el uso se convierten en mercancías, ello se debe únicamente a que son productos de trabajos privados ejercidos independientemente los unos de los otros. El complejo de estos trabajos privados es lo que constituye el trabajo social global. Como los productores no entran en contacto social hasta que intercambian los productos de su trabajo, los atributos específicamente sociales de esos trabajos privados no se manifiestan sino en el marco de dicho intercambio. O en otras palabras: de hecho, los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los productores. A éstos, por ende, las relaciones sociales entre sus trabajos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir, no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos, sino por el contrario como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre las cosas. Es sólo en su intercambio donde los productos del trabajo adquieren una objetividad de valor, socialmente uniforme, separada de su objetividad de uso, sensorialmente diversa. Tal escisión del producto laboral en cosa útil y cosa de valor sólo se efectiviza, en la práctica, cuando el intercambio ya ha alcanzado la extensión y relevancia suficientes como para que se produzcan cosas útiles destinadas al intercambio, con lo cual, pues, ya en su producción misma se tiene en cuenta el carácter de valor de las cosas. A partir de ese momento los trabajos privados de los productores adoptan de manera efectiva un doble carácter social. Por una parte, en cuanto trabajos útiles determinados, tienen que satisfacer una necesidad social determinada y con ello probar su eficacia como partes del trabajo global, del sistema natural caracterizado por la división social del trabajo. De otra parte, sólo satisfacen las variadas necesidades de sus propios productores, en la medida en que todo trabajo privado particular, dotado de utilidad, es pasible de intercambio por otra clase de trabajo privado útil, y por tanto le es equivalente. La igualdad de trabajos toto coelo [totalmente] diversos sólo puede consistir en una abstracción de su desigualdad real, en la reducción al carácter común que poseen en cuanto gasto de fuerza humana de trabajo, trabajo abstractamente humano. El cerebro de los productores privados refleja ese doble carácter social de sus trabajos privados solamente en las formas que se manifiestan en el movimiento práctico, en el intercambio de productos: el carácter socialmente útil de sus trabajos privados, pues, sólo lo refleja bajo la forma de que el producto del trabajo tiene que ser útil, y precisamente serlo para otros; el carácter social de la igualdad entre los diversos trabajos, sólo bajo la forma del carácter de valor que es común a esas cosas materialmente diferentes, los productos del trabajo.

La figura del fetichismo de la mercancía recoge los temas tratados por Marx en sus anteriores escritos sobre la alienación, pero los complejiza. En los Manuscritos, el eje estaba puesto en el proceso por el cual el trabajo, los productos del trabajo y las demás personas se volvían frente al trabajador como algo extraño y hostil, con lo cual Marx hacía hincapié en la crítica de la deshumanización impuesta por la propiedad privada. En El capital, Marx mantiene esta idea de que el proceso de trabajo y sus productos se aparecen al trabajador como algo ajeno e independiente de su voluntad, así como su relación con las otras personas se establece a través de la relación mercantil, pero vinculada más concretamente con la cuestión de la explotación. La separación de la clase trabajadora respecto de los medios de producción, que se le aparecen como algo ajeno, es el prerrequisito de la extracción de plusvalor, dado que los trabajadores “libres” deben vender su fuerza de trabajo a los capitalistas y en ese proceso producen el valor necesario para pagar sus propios salarios y el plusvalor que está en la base de la ganancia capitalista.

Volvamos al argumento de Musto:

Dos elementos en esta definición marcan una clara línea divisoria entre la concepción de la alienación de Marx y la sostenida por la mayor parte de los autores sobre los que hemos estado discutiendo. Primero, Marx concibe el fetichismo no como un problema individual sino como un fenómeno social, no como un asunto de la mente sino como un poder real, una forma particular de dominación, que se establece en la economía capitalista como resultado de la transformación de los objetos en sujetos. Por esta razón, sus análisis de la alienación no se limitan al malestar de los hombres y las mujeres individuales, sino que se extienden a todos los procesos sociales y las actividades productivas que le subyacen. Segundo, para Marx el fetichismo se manifiesta en una precisa realidad histórica de la producción, la realidad del trabajo asalariado; no es parte de la relación entre las personas y las cosas como tal, sino más bien de la relación entre los seres humanos y una forma particular de objetividad: la forma-mercancía [3].

Tanto en los Grundrisse como en El capital, Marx ya tiene una visión mucho más compleja del capitalismo y por lo tanto una comprensión materialista mucho más clara del fenómeno de la alienación. Se hace más compleja su visión de la sociedad y del cambio revolucionario. De allí que, en El capital, Marx señale que el capitalismo se apropia de conquistas de la ciencia, la técnica y la organización del trabajo para su propio beneficio, pero al mismo tiempo crea condiciones para el comunismo, tales como la cooperación en el proceso de trabajo, el desarrollo y aplicación de tecnologías, la apropiación de las fuerzas de la naturaleza útiles para la producción, la creación de maquinaria que solamente puede emplearse en común por varios trabajadores, la economización de los medios de producción y la tendencia a crear un mercado mundial.

Por qué es necesario el comunismo

Este libro es una buena contribución para introducirse al tema de la alienación en Marx y también para lograr una comprensión clara de los alcances y límites que tiene en su tratamiento.

Musto debate contra quienes le quitan importancia a la cuestión, así como contra quienes dicen que es el tema principal de la teoría de Marx y señala que la reflexión sobre el problema se vuelve mucho más clara y sólida en la medida en que Marx tiene una mejor comprensión del funcionamiento del capitalismo.

Pero al mismo tiempo, pone esa argumentación en función de explicar el pensamiento político revolucionario de Marx. La alienación no es un problema del ser humano en general, ni de la consciencia individual ni de toda forma de objetivación en abstracto. Por eso, el enfoque de Marx muestra el proceso contradictorio entre la creación de condiciones para la construcción de una sociedad comunista en base al desarrollo de las fuerzas productivas y la orientación de la producción y reproducción hacia la extracción de plusvalor y realización de la ganancia capitalista.

El capitalismo crea las condiciones necesarias para la lucha por el comunismo, pero no más que eso. Debe ser subvertido a través de la revolución socialista, venciendo la resistencia de las clases explotadoras y opresoras, para establecer un régimen social basado en la cooperación, la propiedad colectiva y la búsqueda de las más amplias libertades para las personas.

NOTAS AL PIE

[1Karl Marx’s Writings on Alienation. Edited and introduced by Marcello Musto, Palgrave Macmillan, 2021, p. 21.

[2Ibídem, p. 29.

[3Ibídem, p. 34.
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Juan Dal Maso

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(Bs. As., 1977) Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997, es autor de los libros El marxismo de Gramsci (2016), traducido al portugués y al italiano, Hegemonía y lucha de clases (2018), traducido al inglés, y Althusser y Sacristán (2020), escrito junto con Ariel Petruccelli.
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