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Red Internacional

En estos breves apuntes, recuerdos sueltos de vivencias en la infancia, la adolescencia, la adultez, relacionadas con la interrupción de un embarazo y con las vicisitudes de compañeras de clase, de trabajo, amigas. Las marcas de por vida, los daños permanentes a la salud, los serios riesgos, la culpa y el maltrato como norma.

Lunes 10 de mayo | 20:34

Una tarde cuando tenía 7 años, haciendo tareas junto mis primos, uno de ellos (mayor que yo) preguntó que cuántas mujeres de la familia habían abortado, se respondió a sí mismo y me dijo “claro, tu mamá”. Mi abuela que estaba en la cocina lo regañó y creo que hasta le pegó con una paleta de madera que tenía en la mano. Esa era la primera vez que escuchaba esa palabra, “aborto”. Más adelante supe que mi madre había tenido un aborto espontáneo unos años antes de aquella tarde.

Quise preguntar, pero como habían reprendido a mi primo no lo hice…

Luego al estar en 2do año de bachillerato empecé a estudiar en un liceo público y comencé a observar varias estudiantes en estado de embarazo, y honestamente era algo totalmente normal y aceptado por y para todos. Estudiaba en mi salón con tres embarazadas, muchas veces los comentarios de parte de los muchachos fueron como “qué pendejas, en vez de abortar”, la palabra aborto entre ellos era dicha con plena libertad y sin miedo, cuando en mi caso era lo contrario.

Aprendí lo que era la malta caliente con canela, el Citotec y lanzarse sentada por unas escaleras si no te bajaba el período. Desde ese entonces me fui haciendo más cercana a la realidad de las mujeres, las que abortan clandestinamente, y me hice cercana a ellas, las volví mis hermanas.

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Li… 14 años

Dio inicio a su vida sexual a los 11 años, a pesar de conocer sobre métodos anticonceptivos (lo estrictamente limitado que enseñaban en “Educación para la salud”), sus parejas sexuales se rehusaban a usar el preservativo porque según ellos “es como comerse la chupeta con envoltorio”. Al quedar embarazada a los 14 años sintió como si su mundo se caía en pedazos, su pareja (que era 5 años mayor que ella) le entregó 4 pastillas: dos blancas y dos amarillas, “te tomas las blancas y por debajo las 2 amarillas”. Ella siguió las instrucciones, sin embargo no funcionó. A los 25 días su pareja la llevó a un consultorio pediátrico en el este de la ciudad, lo que era un centro clandestino donde le practicaron un aborto quirúrgico, el proceso fue extremadamente doloroso e insalubre, traumático y caro, no solo por la plata, sino que además su útero fue severamente maltratado al punto que ahora siendo una mujer de 38 años no puede concebir. Ella me comentó que un día se cruzó con el doctor que le realizó el aborto, estaban en una clínica con renombre, ella quiso abordarlo y él la evadía. Su conclusión: “él sabe lo que me hizo”.

Fa… 17 años

Inició su vida sexual a los 13 años, sus parejas siempre fueron mayores que ella 10 o 15 años, y por lo general le compraban las pastillas anticonceptivas. Luego de 4 años de tomar las pastillas las dejó porque había ganado mucho peso. Al cabo de 2 meses salió embarazada, su pareja se molestó al enterarse que ya no tomaba la pastilla y la dejó sola con “el asunto”. Por medio del primo de una amiga consiguió unas pastillas abortivas (ella no sabe exactamente qué tomó) y así interrumpió su embarazo. “Si no fuese por el primo de esa amiga no me quedaba más que ser madre adolescente y sola, porque seguro que mi mamá me corría de la casa”.

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Lu… 24 años

Siendo una mujer sexualmente activa se tomaba la pastilla, sin embargo algún ajuste hormonal impidió su eficacia y quedó embarazada, tenía ilusión de ser madre pero al cabo de 2 meses de gestación tuvo un sangrado y dolor abdominal muy fuerte, la llevaron a una maternidad donde desde que entró le saltaron encima cuestionándole “¿Qué te metiste?”, “¿qué tomaste?”, “¿qué te hiciste?”, “Cuando te saquemos la sangre nos daremos cuenta”, “hasta que no nos digas no te podemos hacer nada”, perdió el conocimiento… Al despertar le habían realizado un curetaje, estaba desnuda muerta de frío en una camilla. Al cabo de un rato un doctor volvió con los análisis del laboratorio que le realizaron. Palabras del Dr.: “menos mal que no te metiste nada, fue un aborto espontáneo. Sino, sales de aquí con los ganchos.”.

Ca… 36 años

Al enterarse de su embarazo ella decidió interrumpírselo, pero por una condición de salud debía ser un aborto quirúrgico. Al sondear, preguntar e investigar, se encontró con un submundo donde podía pagar desde 10 $ en la redoma de Petare, hasta $800 en una clínica reconocida en el este de la ciudad. “Pregunta por el Dr. tal o cual, vas de mi parte”, así logró dar con una Dra. que aceptó hacer el procedimiento que no dura más de 40 minutos, minutos dichosos donde la vida se podía ir en un dos por tres, y que se vuelven eternos… ¿Maltrato, sangrado, consecuencias irreversibles? ¡Sí! Pero no tenía otra opción más que caer en la clandestinidad, aceptar toda culpa y responsabilidad si algo salía mal. “Si te he visto ni me acuerdo”, fueron las últimas palabras que le dijo la Dra. al terminar el procedimiento.

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