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Red Internacional

“Diálogo social”. “Una cosa es apelar a la OIT por los derechos laborales y otra confundir nuestras exigencias con las de los empresarios”

Ha sido temas estos días la visita de la OIT y el llamado “diálogo tripartito”, porque el gobierno de Maduro hace lo que quiere ignorando a las organizaciones sindicales y los derechos laborales. Pero se colean zorros y camaleones, porque también están en el juego Fedecámaras y sus intereses. Al respecto, conversamos con Ángel Arias, trabajador del sector público y militante de la LTS.

Viernes 29 de abril | 20:09
  • Podemos comenzar con algo básico, para información de las lectoras y lectores, ¿de qué se tratan las actividades que realiza la comisión de la OIT estos días en el país?

Es una comisión de alto nivel designada como parte de las respuestas a una queja introducida en 2015 por 33 representantes empresariales ante la OIT. En 2018 el organismo instituyó una Comisión de Encuesta en función de la queja introducida, en 2019 esa comisión visitó el país, se le dio al Gobierno un plazo para cumplir con las recomendaciones de la OIT, y en marzo de este año el Consejo de Administración decidió enviar una comisión a Caracas a verificar si se cumplía con las recomendaciones y para facilitar un diálogo entre Gobierno, empresarios y trabajadores.

  • ¿El origen es una queja introducida por empresarios privados?

Sí, el origen formal es ese, y allí se fueron incorporando reclamos propios de los trabajadores. Claro, el contexto real es más amplio que esa queja formal de entonces. Están todas las luchas del movimiento sindical y de los trabajadores en estos años, la lucha por la libertad de los trabajadores presos, las denuncias al desconocimiento de los contratos colectivos, etc. Venimos de largos años de una catástrofe económica y social, de un PIB reducido en casi 70%, de ataques sin precedentes a los derechos obreros, destrucción como nunca del salario y extensión voraz de la pobreza y la miseria. Ese es el contexto. Incluso la propia realidad política del país, marcada por los nuevos entendimientos entre el Gobierno y sectores empresariales y de la oposición. Todo eso se mezcla en el contexto de estos movimientos de la OIT.

  • Muchos intereses entran en el juego…

Claro, sí, totalmente. Por eso la importancia de que como trabajadores no nos dejemos confundir, no entrar en esa marejada de intereses sin tener presente una diferenciación bien clara entre nuestros intereses como clase y los de los otros actores, que son nuestros enemigos de clase: el capital privado y por supuesto el Gobierno.

  • Eso lo dices con referencia al llamado “diálogo tripartito” o “diálogo social”

Sí, porque esa es la concepción que está detrás de las gestiones de la OIT.

  • Y esa concepción, de hecho, fue hecha a un lado por el Estado venezolano, desde Chávez para acá se abandonó eso del diálogo tripartito

Se hizo a un lado el esquema tripartito, lo que no quiere decir que se haya hecho a un lado la idea de una conciliación de clases.

  • A ver, para que se entienda bien lo del tripartismo, ¿por qué sería eso problemático para los trabajadores? O mejor dicho, para hacer más clara una pregunta que puede surgir entre los trabajadores, ¿si la OIT está asumiendo la defensa de algunos derechos obreros, como los contratos colectivos y la libertad de los trabajadores presos, por qué estar predispuestos?

Bueno, empecemos por algo claro: bienvenida toda gestión de la OIT a favor de los derechos de la clase obrera, nos parece legítima y válida toda gestión ante la OIT que implique hacer respetar o avanzar los derechos de nuestra clase contra la explotación patronal. Eso debe quedar claro.

Ahora bien, una cosa es eso y otra confundir banderas. Pasa que la OIT no es un organismo de lucha obrera contra el capitalismo, es una instancia más bien de conciliación de intereses, un organismo internacional que parte de aceptar la explotación capitalista como sistema social, y cumple el papel de garantizar algunos derechos pero en ese marco de ese sistema social, por lo cual incluso se propone “armonizar” y “conciliar” los intereses de los explotados y los explotadores. Por algo en la OIT hay representantes de los capitalistas, y no solo de los trabajadores.

  • Bien, pero en concreto, habría qué responder, ¿en este llamado diálogo, en estas gestiones actuales, no están saliendo aspectos positivos para los trabajadores?

Sí, pero no es lo único que está saliendo de esos movimientos. En la queja de Fedecámaras, que es la que guía formalmente todos estos pasos, incluyen reclamos de ellos y también incorporan algunos reclamos propios de trabajadores del sector público, entonces hay de todo. Y por eso decía que hay todo un conjunto de cosas, de intereses en juego, ante los cuales la clase trabajadora debe saber ubicarse con su propia perspectiva como clase, con independencia como clase social.

  • ¿Un ejemplo de eso, para hacerlo más claro?

Bueno, yendo a lo concreto, el reclamo, la queja de los capitalistas venezolanos ante la OIT, señala que el Gobierno excluye a Fedecámaras y otras cámaras patronales de las consultas sobre los aumentos de salario mínimo y sobre las leyes laborales, así como que tenía una política “hostil”, que incluía expropiaciones de tierras y bienes. Es decir, los empresarios venezolanos exigen que el gobierno tome en cuenta su opinión y sus intereses antes de definir nuestros salarios y nuestros derechos laborales, ¿y acaso los trabajadores debemos apoyar a los empresarios en ese reclamo?, ¿acaso tiene algún sentido abogar porque se tomen en cuenta, más de lo que ya se hace, el punto de vista de nuestros explotadores? ¡Por favor! ¿Acaso no es suficiente ya con el poder que tienen los empresarios en la sociedad y sobre nuestras vidas?

  • Y lo de las expropiaciones y la defensa de la propiedad privada

Exacto. Fedecámaras, y con ella Fedenaga, de lo más rancio de los ganaderos de este país, exigen ante la OIT que el gobierno devuelva tierras y otros bienes expropiados a terratenientes y empresarios. ¡Ah, bueno! ¿Y eso qué tiene que ver con nuestros intereses de clase? Nada, más bien al contrario.

Es más, entre lo que Fedecámaras llama “hostigamiento” por parte del gobierno de Maduro, incluye cosas como que en 2015 Maduro dijo que no le iban a dar dólares a Fedecámaras, o que el gobierno les hace “campañas de descrédito”. ¿Se entiende el nivel del asunto? Es decir, los empresarios venezolanos consideran inadmisible que el Gobierno diga que no tendrán más transferencia de renta pública –cosa que de paso es puro discurso del gobierno, pura pirotecnia verbal, porque nunca ha dejado de hacerlo–, y que los cuestionen o los denuncien, y se quejan de eso ante la OIT, ¿y la clase obrera acaso debe acompañar semejante reclamo empresarial?

  • Pero la OIT sí actúa en función de esos reclamos empresariales

Claro, sí. La OIT aboga ante los Estados no solo por algunos derechos básicos de los trabajadores, sino que también aboga por los empresarios. Porque su idea es esa de supuestamente “armonizar” los intereses de las diferentes clases, en el marco del sistema capitalista, insisto.

  • ¿Una de cal y otra de arena?

Bueno, no sé si sería la expresión más adecuada, pero veamos en concreto. Las recomendaciones y gestiones de la OIT están presionando para que el Gobierno tome algunas medidas básicas, elementales, favorables a nuestra clase, como que se respete la legalidad de los sindicatos y se los reconozca, como que el gobierno deje su injerencismo y entorpecimiento a través del CNE de las elecciones sindicales, o incluso que se acelere la liberación trabajadores presos. ¡Muy bien!

Pero también las gestiones de la OIT están abogando que Fedecámaras y otras cámaras patronales sean reconocidas como interlocutores obligados para definir el salario y los derechos laborales. ¿Más o menos como por qué eso va a ser favorable para nuestra clase? ¿De cuándo a acá? También que el gobierno se comprometa a echar para atrás algunas expropiaciones de tierras y propiedades empresariales, como de hecho lo reconocen los representantes de las cámaras patronales, que ven resultados positivos en ese sentido.

  • Y eso es lo que se entiende por “diálogo tripartito” o “diálogo social”

Sí. El Gobierno evita en la medida de lo posible hablar de tripartismo, precisamente porque desde Chávez para acá vienen rechazando esa concepción, entonces habla hoy de “diálogo social”. Pero en última instancia, se trata de esa búsqueda de supuestamente llegar a un acuerdo entre los intereses de las diferentes clases, en el marco de la explotación capitalista. De hecho, el informe oficial de la Comisión de Encuesta de la OIT, donde da sus recomendaciones, lo titulan “Por la reconciliación nacional y la justicia social en la República Bolivariana de Venezuela”.

Te puede interesar: [Documento oficial OIT] “Informe de la Comisión de Encuesta”

  • El planteamiento de Fedecámaras, e incluso de varias de las centrales sindicales que participan en estas reuniones, es que el “anti-tripartismo” –por llamarlo de alguna manera–, lleva casi dos décadas en el país, que viene desde Chávez, y que habría que superar eso.

A ver, como vengo señalando, tripartismo es, para decirlo en lenguaje marxista, es colaboración de clases: patronos-trabajadores-gobierno poniéndose de acuerdo en las condiciones de la explotación de los asalariados. El “diálogo tripartito”, además de aceptar en sí la conciliación de clases, es profundamente antidemocrático: las cúpulas de las burocracias sindicales se sientan con las cámaras patronales y los gobiernos a negociar a espaldas de los trabajadores.

Eso era lo que había aquí cuando llegó Chávez: la cúpula de la CTV y Fedecámaras, junto a los gobiernos, negociando el cuero de la clase obrera. Chávez sustituyó eso por el bonapartismo estatal: el Gobierno no consultaba a nadie. La cosa es, ¿acaso es más progresivo?

  • Claro, es lo que comentabas en un hilo en Twitter hace unos días, al llegar Chávez al gobierno el tripartismo no tenía buena reputación en el país…

Sí, para nada. De ese tripartismo salieron en la ofensiva neoliberal en los 90’s, el robo de las prestaciones sociales y otros ataques contra los trabajadores. En esa época, que fue en la que comencé a militar en el movimiento estudiantil, recuerdo claramente que entre los trabajadores muchos a la "Comisión Tripartita" más bien le decían "la trimaldita". Y sobre ese desprestigio se montó Chávez para su discrecionalidad.

  • Era la época en que Chávez hablaba de las “cúpulas podridas”

Exacto. Aprovechando el desprestigio de ese tripartismo y de las “cúpulas podridas”, ¡que en verdad lo eran!, Chávez avanzó en sustituir ese diálogo de cúpulas y de colaboración de clases por las decisiones unilaterales del gobierno, pero al fin y al cabo estamos hablando del gobierno que administraba el Estado burgués, ¿no?

  • Y esa actitud le era aprobada por amplios sectores entre los trabajadores

Sí, por supuesto. O sea, Fedecámaras y la CTV constituían la “trimaldita” que pactó ataques a los trabajadores en los 90’s, época de crisis social, aumento de la pobreza, etc., fueron además puntales del golpismo burgués y proimperialista de 2002-2003. ¡Son razones suficientes para odiar ese “tripartismo”! Muchos trabajadores le aplaudían eso a Chávez, pero la cuestión es que el que Chávez (y después Maduro) decidieran sobre salarios y derechos obreros unilateralmente, implicaba también desconocer a los sindicatos. ¿Y acaso eso era más democrático que el tripartismo y menos de colaboración de clases?

  • Además, Chávez tuvo a disposición el importante aumento de los ingresos petroleros, eso también sumó a favor de la legitimidad de esas decisiones unilaterales

Claro, entonces tú tienes un desprestigio bien merecido de la burocracia sindical y las cúpulas empresariales, un Gobierno con bastante plata, y además el otro sector de las direcciones sindicales, el opuesto a la CTV, se ubica subordinado al gobierno, así avanzó sin mayores problemas ese bonapartismo. Porque esas decisiones unilaterales aparecían como “favorables” a los trabajadores, en el sentido de aumentos de sueldos y una serie de concesiones en el terreno laboral y social que contribuyeron a recuperar parcialmente el poder adquisitivo del salario.

Eran decisiones tomadas unilateralmente por Chávez y eran aceptadas, no solo por amplios sectores de la clase, sino, que es lo más problemático, por gran parte de la izquierda que se hizo chavista y de los sindicatos que se decían clasistas. Por ejemplo, las corrientes de izquierda que se integraron al PSUV se hicieron parte de eso, sin denunciar ni dar batallas contra ese autoritarismo de Chávez.

  • ¿Por qué lo problemático?

Pues porque ese autoritarismo, ese bonapartismo gubernamental, fue una soga al cuello para el movimiento obrero. Convalidar la discrecionalidad del Estado capitalista, que a la vez en nuestro país es el patrón directo de gran parte de la clase obrera, es totalmente regresivo, facilitaba los ataques antiobreros cuando se acabara el boom y llegaran las vacas flacas, cuando llegaran otros tiempos.

  • Y como decías en la publicación, esos tiempos llegaron

Así es, incluso con el propio Chávez. En la crisis entre 2008-2010, cuando hubo un bajón de los ingresos petroleros y lo que llamamos entonces un bienio recesivo, Chávez adelantó un ajuste moderado y se observó el talante autoritario de tomar decisiones sin importar la opinión de los sindicatos. En ese período comenzaron a paralizarse la discusiones de contratos colectivos o a incumplirse, en ese entonces Chávez dedicó varias intervenciones a cuestionar las exigencias de los trabajadores del Estado, a decir que eran “excesivos” los derechos de los trabajadores de las empresas básicas y advirtió con “usar toda la fuerza del Estado” si hacían huelga, amenazó con militarizar el Metro de Caracas si los trabajadores hacían paro, llegó a decir que en esa situación de menos recursos él no iba a “quitarle plata a las misiones para dársela a los sindicatos”.

Lo que pasa es que esa crisis fue relativamente breve y “suave”, comparada con lo que vino después.

  • Con Maduro vino a pasar factura más violentamente ese mecanismo de no tripartismo pero sí autoritarismo gubernamental

Sí, con la severa crisis económica que le explota a Maduro en las manos, sus respuestas implicaron, ¡y aun hoy!, durísimos ataques contra el salario y los derechos laborales. Se expresó entonces en toda su magnitud lo reaccionario de ese mecanismo de que el Gobierno decidiera a su voluntad. El desconocimiento por el Gobierno de Maduro de la opinión de sindicatos, federaciones y centrales sindicales, estaba ya en el ADN del “anti-tripartismo” de Chávez, pero entonces eran los tiempos del boom petrolero y las concesiones, mientras con Maduro son los tiempos de los ataques.

  • Hablas de sacar lecciones de toda esta situación

Sacar lecciones es vital, pero no para caer hoy en el viejo tripartismo, no para hacer frente con los empresarios, no para que “nos sentemos todos a ponernos de acuerdo en diálogo social”. La ausencia de tripartismo no ha evitado que las políticas del gobierno favorezcan a patronos públicos y privados.

Es decir, el bonapartismo gubernamental, como buen bonapartismo, intenta “elevarse por entre las clases”, y no solo venía desconociendo a sindicatos obreros sino también a cúpulas empresariales, pero eso no ha impedido que las decisiones que ha tomado por su propia cuenta sean decisiones de un capitalismo puro y duro, neoliberal incluso, que tiene el sello de clase burgués, que ha favorecido a los empresarios privados en contra de los trabajadores.

  • Frente a ese bonapartismo con sello burgués, patronal, ¿no es alternativa el “tripartismo”?

No, no lo es. Las lecciones deben ser para entender que no podemos quedar presos de dos opciones reaccionarias: o el bonapartismo del gobierno burgués o el tripartismo de conciliación de clases. O sea, nos toca ante la OIT y cualquier otra instancia que corresponda, exigir nuestros derechos, el reconocimiento pleno de las organizaciones sindicales, etc., pero no en ningún frente común con Fedecámaras ni ninguna otra cámara patronal, ni compartir en modo alguno sus exigencias.

Imagínate, ¿cómo se supone que nuestra clase habría de pensar en armonizar exigencias con la Polar, que desde hace seis años echó a la calle a miles de trabajadores y se niega a cumplir órdenes de reenganche; o con la transnacional Mondelez que arrasó con los derechos de sus trabajadores, causando cientos de renuncias, varios muertos por falta de seguro y actualmente mantiene condiciones de impresionante súperexplotación; o con Masisa, transnacional maderera que desconoce los derechos contractuales de los compañeros y aplica persecución laboral, incluso intentando llevar a la cárcel a los dirigentes?

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  • Y así decenas, cientos de casos…

Claro, son solo algunos ejemplos resaltantes el momento. Podríamos mencionar Bimbo, Salva Foods, Alimex, Alpla y muchas más. O Farmatodo, donde tuvieron que hacer un paro hace unas semanas porque la empresa es tan miserable, que siendo de las más favorecidas en la coyuntura de la pandemia, les quita beneficios y mantiene salarios de pobreza. Inlaca que en marzo botó ¡a 300 padres y madres de familia! De conjunto la empresa privada, al amparo del paquetazo neoliberal de Maduro en 2018, ha hecho desguace con los derechos de los trabajadores, y hoy goza de una de las fuerzas de trabajo más baratas del mundo. Gozan además de una brutal libertad para hacer y deshacer con las condiciones de trabajo como les da la gana. Todo eso con respaldo del gobierno de Maduro y las FFAA.

¡Y eso ha sido sin “diálogo tripartito”! Sin que el gobierno los reconozca como interlocutores obligados. ¿Por qué habría de irnos mejor cuando ahora se los tome en cuenta más formalmente? Es decir, es evidente que un programa clasista, que vele por nuestros intereses de clase, no puede incluir esa idea de armonización “tripartita”.

  • Pero hay sindicatos que sí convalidan esa idea, tanto en esas mesas como incluso en las acciones de calle

Sí, además de la burocracia sindical traidora, gobiernera, de la CBST, que juega un papel repugnante al apoyar todos los ataques antiobreros del Gobierno, hay otro sector antigubernamental pero proempresarial. De hecho, en el país paso algo, que es lo siguiente: como un sector grande de nuestra clase está bajo explotación directa del Estado, bien sea en la administración pública, en las industrias básicas o el petróleo, en la salud, la educación, en las hidrológicas, electricidad, las empresas nacionalizadas, etc., y como el Gobierno fue sin duda el principal verdugo de nuestros derechos laborales e incluso democráticos, entonces se cuela fácil una tendencia que es unilateralmente antigubernamental.

¿A qué nos referimos con unilateralmente? Que solo ve como enemigo de los trabajadores al gobierno, y se olvida del capital privado. Por supuesto que el gobierno de Maduro y las FFAA son enemigos de la clase obrera, sin duda alguna, pero también lo son los empresarios privados. Y de hecho, en el caso de esas direcciones sindicales, no es que “se olviden” del capital privado, sino que tienen una concepción burguesa, en la que consideran normal la propiedad capitalista y su dominación social, y por eso convalidan esa idea del “diálogo social tripartito”.

  • Son ideas de partidos patronales, ¿no?

Así es, por lo general son compañeros que están al frente de sindicatos, pero que militan o simpatizan con partidos burgueses, que tienen esa concepción política. Entonces son antipatronales a medias, porque lo son solo contra el Estado, que hay serlo, obvio, pero no lo son contra el conjunto de la clase explotadora. Es el caso no solo de la ya patética CTV, sino también de corrientes sindicales como las que priman en Guayana en “Unidad en la Coincidencia”, o Coalición Sindical con quienes hemos coincidido en acciones de calle, pero con quienes diferimos diametralmente con su política y esas lógicas. De hecho, Coalición está dentro de esas mesas de estos días con la OIT y convalida lo del “diálogo tripartito”.

  • ¿Cuál sería la alternativa?

El desarrollo de nuestras capacidades de lucha, de batalla, de pelea. Desarrollar nuestra lucha de clases contra la guerra de clases que tanto el gobierno como los empresarios, con o sin “diálogo tripartito”, nos han declarado con brutalidad y sin piedad.

En la versión del gobierno, el “diálogo social” es parte de su orientación de acordar cada vez más con sectores empresariales y opositores nuevos entendimientos, en el marco de la nueva etapa de convivencia y estabilidad que buscan, donde en las alturas se van reacomodando los intereses de diversas fracciones políticas y económicas burguesas, tanto las tradicionales como las “nuevas” surgidas con el chavismo. ¿Y cuál es unas de las bases de esos entendimientos y esa “recuperación” económica que nos venden? La conquista patronal que para el conjunto del capital significa la destrucción de las conquistas históricas de nuestra clase.

Entonces, en lugar de caer, como están haciendo hoy algunos dirigentes sindicales, en la lógica del “diálogo social tripartito” de conciliación de clases, hay que apostar a fortalecer mejor nuestras fuerzas de lucha, rehacer o fortalecer nuestras debilitadas organizaciones, emplear nuestros métodos históricos, como la huelga que hace días hicieron los compañeros de Sidor. Todo eso para poder arrancar con la lucha en las fábricas y en las calles, lo que por sí solas no nos entregarán las mesas de negociación.




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