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Red Internacional

Izquierda anticapitalista.Una nueva generación obrera y la necesidad de un partido revolucionario en Francia

A pesar de que un nuevo ciclo de la lucha de clases se abrió en Francia en 2016, la extrema izquierda no termina de aparecer como alternativa. Sin embargo, la gravedad de la crisis abierta por la pandemia y el surgimiento de una nueva generación obrera forjada en esta oleada de lucha, abre, en las circunstancias actuales, la posibilidad de construir un partido revolucionario en Francia.

Lunes 5 de abril | Edición del día

Publicamos a continuación un artículo del diario Révolution Permanente, sitio en francés de la Red Internacional La Izquierda Diario. Un análisis de la situación actual en Francia y la política de la extrema izquierda, como así también de cómo el ciclo de lucha de clases de los últimos años dejó una nueva generación obrera desde la que se puede pensar la posibilidad de construir un Partido Revolucionario.

Frente a la crisis en Francia ¿Lxs trabajadorxs se encuentran huérfanxs de proyecto político?

Desde hace más de un año, la pandemia del coronavirus ha abierto una situación de crisis con consecuencias a largo plazo. Por ello, para asegurarse el reintegro de la deuda pública contraída y restaurar la tasa de ganancia de las empresas capitalistas, las clases dominantes se preparan para hacer pagar a los trabajadores a base de reformas neoliberales, de aumento de productividad y de medidas de austeridad. Por otro lado, frente a esta perspectiva catastrófica, ningún proyecto político ha surgido para proteger los intereses de la clase trabajadora con una estrategia a la altura de las circunstancias.

Una situación en desajuste con la politización y las intensas luchas que se encadenan en los últimos cinco años en Francia. En 2016 contra la ley del Trabajo, en 2018 en el marco del movimiento contra la reforma ferroviaria y la lucha contra la selección en la universidad, en 2018-19 con el histórico movimiento de los chalecos amarillos, en 2019-20 con el movimiento contra la reforma de las pensiones y la huelga histórica del sector de transportes en Île de France. En los diferentes sectores se ha producido en paralelo una renovación de luchas, como en la Educación Nacional o entre el personal universitario.

Estas experiencias han estado marcadas por la participación masiva y con sus propios métodos de sectores concentrados de la clase obrera, pero también por la entrada al combate de fracciones de la clase obrera que se encontraban ausentes de las luchas como las que se encontraban en zonas semirurales que luego fueron la base del movimiento de los chalecos amarillos.

Estos movimientos son acompañados y han alimentado fenómenos de politización de fondo. La juventud ha sido una caja de resonancia de esta dinámica y ha llevado a la calle la denuncia de la violencia policial y el racismo, de la violencia sexista y sexuales y de la catástrofe climática en curso.

Sin embargo, a pesar de que los protagonistas de estas luchas han señalado frecuentemente al conjunto del sistema, ya sean los Chalecos Amarillos, invocando un imaginario revolucionario, los jóvenes movilizados contra el racismo de Estado o los ecologistas para los que el capitalismo es incompatible con una defensa del medioambiente, la única perspectiva que se le ofrece hoy en día a estas luchas es tratar de entrar a las instituciones, para quizás, aspirar a cambiar algo desde dentro.

Es el caso por ejemplo del proyecto de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Quien aspira a hegemonizar la izquierda y la extrema izquierda alrededor de una candidatura que busca reformar el sistema. No obstante, dicho proyecto electoralista y reformista implica articular sectores heterogéneos y demostrar cierta responsabilidad frente a los pilares del sistema.

Esto ha llevado y llevará a que la Francia Insumisa se adapte a las instituciones y a las presiones de las fuerzas políticas dominantes, como ha hecho sumándose a la unidad nacional reaccionaria de Macron después del asesinato de Samuel Paty, o también, votando una parte de los artículos de la Ley del separatismo, cuando en teoría rechazaba el texto en su totalidad. Presiones, que, en un periodo de crisis, no harán más que multiplicarse al extremo en caso de que Jean-Luc Melenchon llegase al poder, lo que le conduciría a abandonar los elementos más ambiciosos de su programa político, al igual que Syriza en Grecia o Podemos en España, que han terminado por aceptar todas las imposiciones que se les hicieron y traicionaron a los trabajadores.

En realidad, no sólo por la amplitud de los ataques que se vienen sino también la politización de fondo y la radicalidad existente en la sociedad y que pone en duda sus pilares, de explotación y opresión, solo podrían encarnarse en un proyecto revolucionario. Un proyecto que asuma la necesidad de derribar el capitalismo y construir otro sistema. Sin embargo, paradójicamente, cuando esta idea se vuelve entendible para el gran público, las organizaciones de extrema izquierda no consiguen defenderla. Lejos de ser un desastre, esto solo demuestra el fracaso de la extrema izquierda en la prueba de la última oleada de la lucha de clases.

Nuevo Partido Anticapitalista y Lutte Ouvrière: un balance de la extrema izquierda

Una organización que se reivindica revolucionaria, y que aspira a jugar un rol de organizadora de los trabajadores y las clases populares en su lucha a muerte contra el sistema capitalista, se somete a pruebas en los grandes combates de clase que preceden a la revolución. Es en gran parte por su intervención en la lucha de clases que puede convencer a numerosos trabajadores de su utilidad y de la justeza de su política. Sin embargo, hemos de señalar que, en los últimos episodios de la lucha de clases, la extrema izquierda ha fracasado en estas pruebas.

El movimiento de los Chalecos Amarillos ha cristalizado visiblemente las dificultades de la extrema izquierda para interpretar los fenómenos políticos nuevos y complejos, pero también para intervenir en ellos. Lutte Ouvrière ha decidido conscientemente no intervenir en un movimiento que habían visto su posible alcance desde el principio, construyendo una barrera artificial entre los Chalecos Amarillos y los “comunistas revolucionarios”, y la mayoría del NPA cedieron en parte y durante un gran tiempo fue la idea dominante en la izquierda política y sindical, de que se trataba de un movimiento reaccionario alrededor del cual había que hacer un cordón sanitario, antes de diluirse, sin haber en algún momento conseguido hacer una política propia, consecuente y coordinada a escala nacional.

Desgraciadamente, en la lucha contra las pensiones, en circunstancias aparentemente más accesibles para la extrema izquierda, las dos organizaciones mostraron los mismos límites. Lutte Ouvrière se negó a participar en los intentos de coordinar a los huelguistas en independencia de la burocracia sindical, oponiendo de forma abstracta a la construcción de la huelga en los depósitos, estaciones o empresas a la creación de elementos de coordinación del movimiento. La mayoría del NPA no ha sabido estructurar una intervención a escala nacional, las únicas iniciativas de cierta importancia han sido realizadas por tendencias minoritarias del ala izquierda del partido. En ambos casos es imposibles señalar aportes significativos de estas organizaciones a esta lucha histórica.

Respecto al NPA, este retroceso en su capacidad de intervención se encuentra ligado con la crisis profunda que atraviesa el partido y que hace hoy en día que pese sobre él la amenaza de la implosión. Pero esto no es más que el desarrollo de un largo proceso, iniciado por la LCR (Ligue Communiste Révolutionnaire) en los años 1980-1990, de abandono de una estrategia centrada en el rol de la clase obrera (el cual había sido dado por muerto por el neoliberalismo), en beneficio de una intervención en “los movimientos sociales”, antes de disolverse en un partido amplio sin delimitación estratégica, el NPA.

Del lado de Lutte Ouvrière, que todavía mantiene bastiones en sectores estratégicos, reina una especie de escepticismo, acompañado de una dosis de nostalgia del movimiento obrero francés, dirigido por el Partido Comunista Francés. Este escepticismo, que echa a la culpa constantemente a los trabajadores que no querrían luchar, cubre en realidad su rechazo a tomar parte en un trabajo de organización de las capas más avanzadas de la clase y de la nueva generación obrera que se está formado, así como de combatir las nefastas políticas de las direcciones sindicales burocráticas.

Una nueva generación obrera y el espacio para la construcción de un partido revolucionario en Francia

Más que nunca, como lo muestran los elementos más avanzados, existe un espacio objetivo para construir un partido revolucionario con un fuerte componente obrero y una potente intervención en la lucha de clases. Un partido que se reivindique claramente por un proyecto de sociedad sin explotación ni opresión, el comunismo, y que sea portavoz de un discurso revolucionario, antiracista, antiimperialista, feministas y ecológico, capaz de dirigirse a los actores de la nueva ola de la lucha de clases, con movilizaciones y actuaciones concretas en la realidad.

El movimiento obrero ha visto surgir una nueva generación que podría ser la palanca de construcción de una organización de este tipo. Nosotros lo vimos por primera vez en 2014, con la huelga de la SNCF (la empresa de ferroviarios francesa), donde, no compartieron las tácticas de la izquierda política y sindical, o sin saberlo las de personajes confusos como Dieudonné (estábamos en el apogeo del fenómeno de las “quenelles”) a menudo rechazadas por militantes de extrema izquierda. Desde entonces, los hemos visto tomar partido en cada gran movilización que ha atravesado el país, con perfiles variados: a menudo racializados y provenientes de la inmigración en las grandes aglomeraciones, obreros y obreras “chaleco-amarillizadas” en la Francia periférica, militantes sindicalista combativos o trabajadores de base…

Entre ellos, dirigentes sindicales radicales cuyo surgimiento se puede enmarcar en circunstancias particulares. En el contexto de un retroceso del Partido Comunista Francés en el seno de la CGT y de la crisis de renovación militante, jóvenes sindicalistas se encontraban rápidamente dirigiendo organizaciones o estructuras sindicales importantes. Sin embargo, esta emergencia en el contexto post movimiento de los Chalecos Amarillos, ha abierto una crisis en el sindicalismo, debilitando las barreras impuestas por la burocracia entre sindicalismo y político, modelando esta nueva generación de militantes obreros.

Todo revolucionario digno de considerarse como tal debería prestar gran atención a este fenómeno y buscar confluir con esta nueva generación. Sobre esta cuestión, Trotsky afirmaba en un pasaje de ¿A dónde va Francia?, escrito en el comienzo de la huelga general de junio 1936:

“Pese a todo, el proletariado no retoma la historia desde el principio. Siempre y en todas partes, la huelga ha hecho salir a la superficie a los obreros más conscientes y audaces. La iniciativa les pertenece (..) La principal conquista de la primera oleada radica en el hecho de que han aparecido dirigentes en los talleres y las fábricas. Aparecieron elementos de Estados Mayores locales y barriales. Las masas los conocen. Ellos se conocen. Los verdaderos revolucionarios buscarán relacionarse con ellos. Así, la primera automovilización de las masas ha marcado, y en parte designado, a los primeros elementos de una dirección revolucionaria. La huelga ha sacudido, reanimado, renovado, al gigantesco organismo de la clase en su conjunto. El viejo caparazón organizativo aún está lejos de haber desaparecido, por el contrario, se mantiene con demasiada obstinación. Pero bajo ella ya aparece una nueva piel."

La oleada de lucha de clases de estos últimos años no ha tenido aún, la misma profundidad que aquella que culminó con la huelga general de 1936, en la que el surgimiento de nuevos dirigentes obreros se generalizó. Pero es en gran medida una “nueva piel” de la clase encarnada en esta nueva generación de militantes obreros, surgidos de las últimas experiencias de la lucha de clases.

Es con ellos con quienes se podrá construir un partido revolucionario de lxs trabajadorxs a la altura de las circunstancias de la situación y crisis actuales, a condición de romper con el conservadurismo y el escepticismo dominantes en la extrema izquierda.

Révolution Permanente y sus referentes obreros al servicio del proyecto de un Partido Revolucionario de las y los Trabajadores
En Révolution Permanente-NPA, tenemos el merito relativo de haber interpetrado tempranamente el surgimiento de esta nueva generación obrera y haber tratado de fusionarnos con ella. Ya sea en el marco de la “Bataille du Rail” en 2018 con la construcción de la Intergare, con la huelga victoriosa de Onet, con el movimiento de los Chalecos Amarillos, con el movimiento de pensionistas a través de la Coordinadora RATP-SNCF, o actualmente con las huelgas de Grandpuits y los agentes de mantenimiento de vías (Infra-pôle) de Gare du Nord, hemos intervenido con la misma lógica: la de desplegar en cada batalla un arsenal estratégico y programático que permita impulsar las experiencias lo más lejos posible, saliendo del marco impuesto por la rutina sindicalista.

Es a través de estas experiencias que hemos podido incluir entre nuestras filas a numerosos jóvenes militantes obreros, entre ellos verdaderos referentes en su región o en su rama, como Anasse Kazib en la SNCF, Adrien Cornet en Total, Gaëtan Gracia en el bastión tolusiano de la aeronáutica, Christian Porta en Neuhauser (industria agro-alimentarira) en Moselle, pero también jóvenes militantes como Rozenn en Chronodrive asi como camaradas en el sector privado o público, en la RATP, en Sanidad, Cultura o Educación Nacional. Es al lado y a través de estos militantes que deseamos hoy lanzar una campaña alrededor de la necesidad de un Partido Revolucionario de las y los Trabajadores.

Llevaremos esta perspectiva al seno del NPA en vista a su próximo congreso. Estamos convencidos de la única salida progresiva a la profunda crisis que atraviesa la organización es su refundación alrededor de un proyecto de este tipo, más a la altura de las tareas de la nueva situación, así como de las tendencias a la radicalización existentes en el seno de la clase y que se visibilizan en cada movilización de los últimos años.

Pero también queremos dirigirnos a las y los militantes de Lutte Ouvrière; a las y los sindicalistas combativos; así como al conjunto de la clase y a la juventud; a las y los militantes anti racistas, feministas o ecologistas, conscientes de que cada uno de sus combates requiere de la destrucción de este sistema de muerte que es el capitalismo. Y que, para ello, necesitamos una herramienta política revolucionaria a la altura de los combates que se nos vienen encima.

Traducción: Ernesto Castilla




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