Economía

LA ECONOMÍA QUE VIENE

Y vos, ¿por qué ajuste votás en el balotaje?

“Con Macri se viene el ajuste”. Desde el 25 de octubre a la medianoche este planteo se transformó en fundamento para apoyar a Scioli como supuesto mal menor. Y es cierto. Pero, ¿y con Scioli? ¿No se viene también el ajuste?

Esteban Mercatante

@EMercatante

Viernes 6 de noviembre de 2015

En la revista Ideas de Izquierda n° 25, analizamos junto a Pablo Anino cuál es el alcance real de las diferencias entre las propuestas de los candidatos. Acá agregamos nuevos elementos que confirman que, venga quien venga, los empresarios tienen mucho para festejar.

Bajo el “consenso de Mar del Plata”

En el reciente coloquio organizado por Idea, que reúne anualmente en la ciudad de Mar del Plata a lo más encumbrado del empresariado local para discutir su agenda, Scioli y Macri concurrieron (como también lo hicieron los demás candidatos con la excepción de Nicolás del Caño), se puso en evidencia las fuertes coincidencias en el diagnóstico sobre la situación actual de la Argentina y algunas cuestiones que deberán ser reformuladas por quien suceda a Cristina Fernández, sea quien sea.

La economía que deja el kirchnerismo, asediada por una “restricción externa”, que es consecuencia directa de la preservación de una estructura económica dependiente y de las cuantiosas transferencias de riqueza al exterior que tuvieron lugar durante esta década por parte del Estado y los empresarios, pagando deuda, girando utilidades y fugando capitales, da lugar a este “consenso de Mar del Plata” sobre una serie de frentes donde deben tomarse medidas inmediatas. Rótulos como “cerrar la cuestión de los holdouts”, devolver “competitividad” a la economía, “sincerar las tarifas”, “estímulos” para la producción agraria, un esquema “sustentable” para el gasto público, podemos encontrarlos en palabras de los asesores de los dos candidatos. Tenemos acá un núcleo duro de importantes coincidencias, que implican volver a hacer lo que ya se había hecho en gran medida cuando el kirchnerismo llegó al gobierno allá en 2003 (el trabajo sucio de Eduardo Duhalde), y sin lo cual la economía de la década no habría sido lo que fue: un fuerte reordenamiento macroeconómico para restablecer las condiciones de valorización capitalista en el país. El “ajuste”, que le dicen.

Advertencias

Por si cabía alguna duda de para dónde va la cosa, esta semana nos desayunamos con que uno de los economistas más importantes del Pro, el recalcitrante Carlos Melconián, sostuvo que “ya no se pueden subir más sueldos y jubilaciones”. Lo hizo frente a uno de los principales integrantes del tándem Sciolista, el presidente del Banco Provincia Gustavo Marangoni, que no rebatió ese diagnóstico, y más aún, sostuvo que Melconián no dijo lo que dijo.

Cuestión de jerarquías

Dentro de esta orientación general hacia el ajuste, la jerarquía que dan son sus propuestas a atacar un frente u otro, indican distintos énfasis, exponen la prioridad que dan unos y otros a los beneficios que puede obtener cada sector capitalista. Que ganen todos, pero algunos antes (y quizás más) que otros.

En el caso del Pro, no sorprende que la City haya festejado de manera tan entusiasta el resultado del 25 de octubre. Con su propuesta de levantar el “cepo” ya, y de que sea “el mercado” el que fije el tipo de cambio, sumado al anticipo de que “los primeros 90 días de gobierno se pueden generar reglas claras para que comiencen a entrar dólares a la Argentina”, es música para sus oídos. “Reglas claras” —lo sabemos por experiencia de décadas— significa condicionamientos mínimos para que quienes entren capitales puedan sacarlos cuando quieran, maximizando sus posibilidades de negocios. La Argentina de la timba financiera que promete Macri y festejan los grandes empresarios y especuladores (fase superior de la también próspera bicicleta financiera que armó el kirchnerismo para llegar hasta diciembre) tiene como correlato seguro un abrupto ajuste cambiario, que significará, como explica Paula Bach, un salto inflacionario, golpe al salario, y recesión. Sus economistas hablan ya de un dólar a 13 o 14 pesos en diciembre, y 16 en marzo. La nueva cara que Macri puso a explicar su programa económico, Alfonso Prat Gay, pretende preparar el terreno para esta devaluación argumentando que no sería inflacionario ya que los precios en el país ya tienen como parámetro el valor del dólar paralelo, “blue”, y no la cotización oficial. Este verso ya fue desmentido por un informe de Ecolatina, consultora fundada por Roberto Lavagna, que fuera presentado como futuro ministro de su gobierno por el ex candidato Sergio Massa, que sugirió que apoyaría a Macri. Según este trabajo, los precios actuales tienen como parámetro el dólar oficial, por lo cual un salto en la cotización del dólar tendría un alto impacto en los precios. Ni sus aliados defienden el plan de shock que preparan los equipos macristas.

¿Y Scioli? El ex motonauta va para el mismo lado en lo que hace al dólar, pero es más “tiempista”. Días antes de las elecciones, su asesor Miguel Bein dio a conocer un documento donde plantea “una estrategia de partida donde, sin soltar los controles de capitales, es el BCRA el que define el valor del dólar en un esquema de flotación administrada, mientras se avanza en la recapitalización de la entidad monetaria”. Es decir, mantener el “cepo” mientras la emisión de deuda no alcance, y probablemente después también. En el esquema sciolista de continuidad con cambios, el énfasis está puesto en el restablecimiento de las condiciones de “competitividad” para la “producción”, es decir para los industriales, con énfasis en los medianos y pequeños, más partidarios de medidas que aseguren su protección, subsidios, y alguna política de estímulo a la demanda. Y, también, “pacto social”, que como muestra la historia argentina no significa otra cosa que transformar a los trabajadores en la variable de ajuste. Miguel Bein, su principal asesor, ya había dicho que el ritmo de aumento de salarios debía ser menor al ritmo devaluatorio. A buen entendedor, pocas palabras.
En los últimos días, desde medios kircheristas se agarraron de las declaraciones del candidato macrista para conducir la cartera de energía, Juan José Aranguren, de que antes de definir qué hacer con YPF es necesario "evaluar el plan de negocios de la compañía para poder recomendar o no la continuidad de este tipo de administraciones" en las que el Estado tiene una mayoría accionaria, para denunciar que el plan del macrismo es "privatizarla". La falsedad que la crítica kirchnerista planteó reside en que la empresa nunca fue "estatizada", sino que permanece como una Sociedad Anónima donde el Estado compró, costosamente, la mayoría accionaria. Para colmo, lo hizo para iniciar una serie de proyectos de explotación "no convencional", es decir, con el método del fracking, altamente dañino en términos ambientales, y asociado a grandes multinacionales. La supuesta "nacionalización" de YPF se llevó a cabo bajo las banderas de Chevrón. Es una discusión entre dos modelos de privatismo y entrega.

El empresariado ya ganó

El 26, los “mercados” festejaron un resultado que, más allá de quién gane el 22, empuja los términos de la discusión hacia un terreno más favorable a su aspiración de un rápido golpe de timón para que se cumplan sus reclamos. Junto con la crisis internacional y sus impactos en el país, este resultado se transforma en otro elemento para favorecer que la combinación de gradualismo y shock que deberá tener la política económica de “normalización” que aplique el próximo gobierno, tenga más de lo segundo que de lo primero. Siempre teniendo en cuenta el límite que marca la relación de fuerzas, por la disposición de la clase trabajadora y los sectores populares a pelear por sus condiciones de vida, la clase capitalista aprovecha todo lo que permite torcer la balanza en favor de sus requerimientos, tratando de favorecer el clima del “consenso ajustador”. En la medida en qué tal cosa pueda existir.

Scioli y Macri, por supuesto, son distintos. Pero sus planes de ajuste se ven bastante parecidos.






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