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La Izquierda Diario
20 de junio de 2021 Twitter Faceboock

DECLARACIÓN INTERNACIONALISTA
“Guerra por las vacunas”: frente a la irracionalidad capitalista, anulación de las patentes y vacunas para todo el mundo
Fracción Trotskista - Cuarta Internacional

Luchemos por anular las patentes y garantizar vacunas y salud pública para todo el mundo. Declaración de la Fracción Trotskista - Cuarta Internacional (FT-CI).

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No pasó un mes desde que se iniciaron las campañas de vacunación en algunos de los países más ricos del planeta, que ya se ha abierto una crisis de enormes proporciones. Una verdadera “guerra por las vacunas” de los Estados imperialistas entre sí y de estos con las empresas multinacionales farmacéuticas, que, de conjunto, especulan a costa de la vida de millones de personas en todo el planeta.

El 29/1/21, la Unión Europea ha implementado medidas extraordinarias para bloquear la salida de vacunas del territorio comunitario (los 27 países de la UE, ya sin Reino Unido) hacia otros países. Buscan impedir así que las empresas que producen en la Unión puedan vender en otras partes del mundo, antes de completar la cantidad de dosis ya comprometidas con los principales estados comunitarios. Se trata de una nueva demostración del carácter reaccionario e imperialista de la UE, que acapara miles de millones de vacunas sin poner en cuestión los derechos de patentes y la producción en manos de los grandes laboratorios, mientras en países de África o América Latina recién están llegando algunos pocos miles de dosis. Este tipo de medidas nacionalistas reaccionarias ya las habíamos visto al inicio de la pandemia, cuando Alemania y Francia prohibieron exportar respiradores a otros países que los necesitaban con urgencia, como Italia, en pleno pico de la pandemia, o aún más grave, hacia varios países africanos que casi no tenían respiradores. La crisis ha llevado a una tensión extrema con Reino Unido, donde la empresa AstraZeneca tiene plantas de producción de vacunas. La UE acusa a Reino Unido de estar reteniendo producto que ya había sido comprometido con la UE, y las autoridades británicas replican acusando a la UE de aplicar un “nacionalismo de vacunas”, a la vez que se niegan a reconocer las atribuciones de su enviado diplomático. Esta es la primera gran crisis entre Reino Unido y la UE después de que se concretara el brexit, la salida del Reino Unido de la UE, hace un mes. La crisis ha llevado, también, a que Hungría se desmarque de la UE, encargando por su cuenta la vacuna china Sinopharm, además de la rusa Sputnik V, alimentando las disputas del gobierno de Orban con la Unión Europea. China y Rusia, a su vez, buscan aprovechar esta crisis para ganar mercados para sus propias vacunas, cerrando contratos con países de América Latina, Asia y África, mediante los cuales buscan imponer condiciones que beneficien la penetración de sus propias empresas –mientras que países como Brasil o Turquía ya se han quejado de los retrasos en las entregas comprometidas de la china Sinovac –. La “guerra de las vacunas” es así otro componente de las disputas geopolíticas cada vez más exacerbadas.

La UE invirtió 2.700 millones de euros para el desarrollo de vacunas y acordó la compra de 600 millones dosis de Pfizer, 160 millones de Moderna, 400 millones de AstraZeneca, 400 millones de Curevac, otros 400 millones de Johnson & Johnson y 300 millones de Sanofi. Un total de 2.260 millones de dosis. Tomando en cuenta que son necesarias dos dosis por persona, esto da como resultado un total de 1.130 millones de aplicaciones completas, lo que casi triplica el total de la población en los 27 países de la UE. Queda claro así que se trata de acopiar, anticipándose al hecho de que alguna de las vacunas no tenga suficiente eficiencia. Mientras tanto, los países del continente africano o de América Latina están quedando completamente rezagados en los planes de vacunación. En el caso del Estado de Israel, el país más avanzado del mundo en materia de inmunización (después de haber comprado sus vacunas un 40% más caras) es también el que más cruelmente impone un apartheid a la población palestina, a la que niega el acceso a las vacunas.

De hecho, las naciones más ricas que suman sólo el 14% de la población mundial han comprado en los últimos meses más de la mitad (53%) de todas las vacunas con más posibilidades de funcionar. Y de acuerdo con informaciones de la coalición The people´s vaccine, los 70 países más pobres del mundo solo podrán vacunar a 1 cada 10 personas durante todo el 2021. Países como Canadá, en cambio, han comprado una cantidad que les permitiría vacunar a su población por lo menos cinco veces. Hasta ahora, sobre un total de 64 millones de vacunas que ya han sido administradas a nivel global, 38,7 millones fueron aplicadas entre Estados Unidos y Europa y otros 15 millones en China. En contraste, según el portal estadístico Our World in Data, en África –actualmente afectada por una segunda ola con gran mortalidad– se han aplicado solo 18.000.

Todo esto se agrava ahora con el retraso de las farmacéuticas en la entrega de vacunas en los países más ricos. El gobierno alemán ha advertido esta semana que podría haber escasez de vacunas en las próximas 10 semanas, y en España se teme que fracase todo el plan de vacunación, ya que no llegarían a tiempo las segundas dosis de la vacuna Pfizer y Moderna. Y mientras la Agencia Europa del Medicamento validó esta semana la vacuna de AstraZeneca, en Alemania han anunciado que no se aplicará a los mayores de 65 años, el sector de más alto riesgo, porque no sería segura en este grupo de la población. Esta empresa con sede en Reino Unido es la quinta farmacéutica más grande del mundo, pero hace unos días ha anunciado que suministrará solo el 60% de las dosis comprometidas con la UE, lo que elevó la tensión con Bruselas. Ante la falta de vacunas, algunos países, como el Reino Unido, no dudan en posponer el momento de la inyección entre dos dosis, incluso en contra de las indicaciones de los expertos.

A esto se suma el temor a las cepas con mutaciones, como la que se expande en Reino Unido y se calcula que ya está presente en más de 60 países. Alemania ha prohibido esta semana el ingreso de personas procedentes de países donde se han detectado más cantidad de casos con mutaciones, en particular Reino Unido, Portugal, Sudáfrica y Brasil.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo este martes en el Foro Económico de Davos que “Europa ha invertido miles de millones para ayudar a desarrollar las primeras vacunas del mundo contra la covid-19, para crear un auténtico bien común global. Y ahora las empresas tienen que cumplir, tienen que honrar sus obligaciones”. Asimismo, Angela Merkel y Emmanuel Macron, en un artículo de opinión publicado en mayo de 2020, habían declarado la necesidad de que la vacuna sea un “bien público mundial”. Vaya muestra de cinismo imperialista. La UE no apuesta por desarrollar ningún “bien común global”, sino que lo que quiere es acaparar la mayor cantidad de vacunas, bloqueando ahora su salida a otros países.

Todo indica que se refuerzan las tendencias del “sálvese quien pueda”. Las grandes empresas capitalistas multinacionales especulan con un negocio milmillonario, aprovechándose de contratos secretos con los Estados, llenos de cláusulas ocultas a la población. Y ahora venden “al mejor postor” las dosis prometidas, que ni siquiera están producidas.

Esta es otra demostración brutal de la irracionalidad del capitalismo, donde cada multinacional, con el apoyo de los respectivos estados, ha investigado por su cuenta, en el más absoluto secreto para garantizar su patente, impidiendo el intercambio científico entre las distintas pruebas y ensayos, cerrando contratos a futuro sin tener siquiera probadas las vacunas, y donde cada compañía compite con las otras por acaparar mercados, sin importarles en lo más mínimo las necesidades del conjunto de la población más pobre del planeta, sin acceso a las vacunas.

Las farmacéuticas obtuvieron enormes beneficios y cláusulas extraordinarias en los contratos, que firmaron con cada país por separado (o con la UE de conjunto). Estas condiciones leoninas permanecen en gran parte bajo el más estricto secreto, aunque se han filtrado algunas a los medios, como plazos flexibles para el abastecimiento, protección de patentes y, lo más escandaloso, cláusulas de inmunidad para evitar ser responsabilizadas si algo sale mal. En caso de efectos adversos en la población, las empresas no podrán ser demandadas por los gobiernos ni por los ciudadanos. En otros casos, los países tienen prohibido donar o vender a un tercero las dosis, lo que se convierte en otro bloqueo para que las vacunas lleguen a los países más pobres. Algunos contratos incluyen cláusulas para suspender los suministros si los Estados hacen públicos los precios negociados. Esto les ha permitido, según algunas informaciones, que la UE pagara 2,19 dólares por cada dosis de la vacuna de Oxford-AstraZeneca, mientras que Sudáfrica pagó más del doble, 5,25 dólares.

Pero en este caso la irracionalidad producto de la anarquía capitalista es aún más extrema, ya que una pandemia mundial solo podrá erradicarse si se consigue limitar los contagios en todo el planeta. Ya hemos visto a comienzos de la pandemia que, dadas las conexiones globales de las cadenas de producción, comercialización y movimiento de personas, el virus que comenzó a reproducirse entre los seres humanos en tierras lejanas de Wuhan se propagó en pocos días a Roma, Nueva York y Pekín. Además, algunos expertos advierten que, si los planes de vacunación fracasan, o queda gran parte del mundo sin inmunizar, esto podría propiciar la mutación del virus, generando nuevas cepas resistentes a las vacunas ya aplicadas, por lo que todo resultaría en un estruendoso fracaso a nivel global.

La irracionalidad capitalista contra la mayoría de la humanidad

En una reunión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebrada el 15 y 16 de octubre de 2020, India y Sudáfrica propusieron que se suspendieran algunos artículos del acuerdo sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (ADPIC), lo que permitía la liberación de las patentes para las vacunas y otras tecnologías relacionadas con la Covid. La propuesta contó con el apoyo de algunos países de América Latina y África, pero chocó con el rechazo unánime de Estados Unidos, los principales Estados de la Unión Europea (entre ellos el Gobierno “progresista” del PSOE y Unidas Podemos), Australia y Japón. Y aunque el gobierno de Biden en Estados Unidos reintegró a ese país a la OMS -institución de la que había salido por orden de Trump-, no parece que vaya a cambiar un ápice la posición de este país imperialista respecto al monopolio de las patentes.

Una plataforma de Organizaciones No Gubernamentales, entre las cuales se encuentran Médicos sin Fronteras, Oxfam y otras, están exigiendo la exención de los derechos de propiedad intelectual en relación con las vacunas y medicamentos para la Covid. Denuncian que el control de las patentes por grupos privados ya está provocando situaciones inauditas como que un tratamiento antiviral con remdesivir en EEUU tenga un costo de 3.120 dólares y que las versiones genéricas autorizadas en la India cuesten entre 587 y 792 dólares por tratamiento, mientras que “el coste mínimo estimado para fabricar remdesivir con un margen de beneficio razonable es de sólo 9 dólares por tratamiento”.

La propiedad monopólica de las patentes de las vacunas por parte de un puñado de multinacionales capitalistas a nivel mundial está provocando ya todo tipo de crueles desigualdades en la distribución de estas. Quien más paga, más obtiene, es el lema que guía el negocio de las farmacéuticas, aun cuando esto significa dejar a gran parte del mundo sin vacunas. Y esto implica no solo más muertes en los países más pobres, más crisis en sus economías, aumento de las migraciones para escapar del hambre y más desempleo, sino también que, si gran parte del mundo no obtiene vacunas, la pandemia será más difícil de erradicar. Pero la lógica de la ganancia capitalista es lo contrario a la racionalidad y la planificación en función de las necesidades sociales, como se está demostrando de forma trágica en esta crisis.

Las patentes y la propiedad intelectual no son nada más que la apropiación privada de un bien común: el conocimiento científico y técnico que se ha ido acumulando durante años o décadas, producto de múltiples investigaciones en diferentes países, en gran parte financiado con dinero público, en universidades, hospitales o centros de investigación de todo el planeta. En el caso de algunas vacunas como la de Moderna, la financiación pública implica casi la totalidad. Esta empresa utilizó tecnología desarrollada por el gobierno como la base de su vacuna, pero además recibió cerca de 1000 millones de dólares de dinero público para desarrollar el medicamento. Finalmente, el Gobierno de EEUU adelantó otros 1500 millones de dólares por compras anticipadas. Es decir que la totalidad del proyecto fue pagado con dinero público, pero la patente permanece en manos privadas. La financiación pública también es importante en los casos de Novavax, Curevac y la de Johnson & Johnson. Y aunque en otros casos la inversión privada ha sido importante, también se han beneficiado de la compra anticipada de millones de dosis, otra forma indirecta de financiación estatal.

Tanto como el arte, la cultura o la tierra, el conocimiento científico es parte de los bienes comunes de la humanidad, pero en el capitalismo son apropiados de forma rentística por un puñado de empresas privadas a través de patentes, derechos de propiedad intelectual, marcas y recursos similares. En el caso de las vacunas y los medicamentos, esto es aún más grave, porque implica directamente la vida o la muerte de millones de personas. Esto no sucede solo con la Covid. Por ejemplo, cada año mueren en la India más de 100.000 niños por neumonía, una enfermedad que sería prevenible con la vacuna PCV13, cuya patente la posee Pfizer y que no es accesible en ese país por sus altos precios.

La desigual distribución del registro de patentes a nivel mundial es también una fotografía de la estructura imperialista en este terreno. En 2019 se registraron 3.224.200 solicitudes de patentes a nivel mundial: entre China, Estados Unidos, Japón, Corea y la Oficina Europea de Patentes se registraron el 84,7% del total mundial. Mientras que la suma combinada de los registros en África, América Latina y el Caribe y Oceanía fue del 3,3% en 2019.

Vacunas para todos: por la liberación de patentes y nacionalización de las farmacéuticas y laboratorios

En algunos países de Europa y Estados Unidos se vive ya una tercera ola de la pandemia, que sigue golpeando en América Latina con igual gravedad, mientras persiste la caída del empleo, y una crisis económica y social de magnitud. Sin embargo, la crisis no es igual para todos. Tan solo en el último año, 100 millones de seres humanos cayeron en la pobreza, mientras que las 500 personas más ricas del planeta, que representan el 0.001 por ciento de la población mundial, obtuvieron el mayor crecimiento de su patrimonio en una década. Estas abismales desigualdades sociales están en el ADN del virus más mortal, que es el capitalismo. Frente a este panorama, todos los Gobiernos, ya sean conservadores o “progres” han gestionado la crisis mediante medidas de restricción de la movilidad, toques de queda y mayor presencia policial en las calles. Mientras claman que “no hay recursos” para hacer otra cosa, se niegan a tocar las ganancias de los capitalistas, y descargan, otra vez, la crisis sobre los trabajadores y los pueblos pobres del mundo, aumentando su endeudamiento, lo que implicará más presiones del FMI y otros organismos financieros para nuevos recortes y ajustes a corto plazo.

La lucha por vacunas para todos y por la liberación de las patentes está planteada como una necesidad urgente ante la catástrofe de la pandemia. De igual modo, hace falta la intervención estatal inmediata de todas las farmacéuticas y laboratorios, para ponerlos bajo control de los profesionales de la salud y al servicio planes racionales de producción y distribución de vacunas y testeos, en la perspectiva de nacionalizar estas empresas bajo control obrero, junto con los recursos de la sanidad privada. El aumento de emergencia de los presupuestos de salud y educación, así como del personal sanitario para poder garantizar la vacunación y evitar el colapso de los hospitales, en base a impuestos extraordinarios a las grandes fortunas, son otras medidas urgentes. En vez de seguir pagando la deuda externa, hay que imponer la anulación de la deuda de los países semicoloniales para evitar que se descarguen los costos de la crisis sobre las grandes mayorías.

Un programa de este tipo no podrá imponerse a los vampiros capitalistas mediante peticiones online o declaraciones formales ante la OMS. Tampoco podemos esperar nada de los partidos (neo)reformistas que, cuando están en el gobierno como en el Estado Español, se niegan a implementar estas medidas de emergencia. Solo podremos arrancar medidas de este tipo desarrollando una lucha de conjunto de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud a nivel internacional. Para esto, también hace falta combatir las burocracias sindicales que apoyaron la reaccionaria unidad nacional con los gobiernos durante toda la pandemia, negándose a luchar por las medidas necesarias.

Ante el acrecentamiento de las tendencias nacionalistas reaccionarias por parte de los Estados imperialistas y frente a la especulación brutal de las multinacionales, desde nuestra perspectiva de lucha internacionalista, anticapitalista y antiimperialista, convocamos a todas las organizaciones que se reivindican de la clase trabajadora o defensoras de los intereses populares, a impulsar medidas de lucha urgentes en común, partiendo de la exigencia de abolición de las patentes y garantizar las vacunas y demás medicamentos, equipos y fondos necesarios para combatir la pandemia. No hay tiempo que perder. Nuestras vidas valen más que sus ganancias.

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