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7 de marzo de 2021 Twitter Faceboock

SEMANARIO IDEAS DE IZQUIERDA
8 de marzo: ¿día de qué?
Andrea D’Atri | @andreadatri

Ilustración: Frerpik

¿Por qué no hay día del hombre? El día de la mujer debería ser todos los días. Cómprale flores a tu novia. ¿No nos van a regalar nada en la oficina? No es un día de fiesta, es un día de lucha porque se recuerda a las obreras que murieron en un incendio. ¿Qué incendio?

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Se dicen muchas cosas. Lo cierto es que en el origen del Día Internacional de las Mujeres encontramos una campaña política. La que propusieron las delegadas al Congreso Nacional del Partido Socialista de Estados Unidos, que se realizó en 1908, a favor del voto femenino. Ellas propusieron que el último domingo de febrero de 1909 se designara como el Día de la Mujer (Woman’s Day) y se hicieran actos para lanzar la campaña por el derecho al voto.

Al año siguiente, en 1910, se realizó en Copenhague la IIº Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, donde los principales debates fueron sobre el voto femenino, la protección social de las madres y la necesidad de establecer una relación más asidua entre las socialistas de distintos países. Allí, las delegadas alemanas Clara Zetkin y Kate Duncker proponen la siguiente moción: “De acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, las mujeres socialistas de todas las nacionalidades organizarán en sus respectivos países un día especial de las mujeres, cuyo principal objetivo será promover el derecho al voto de las mujeres. Será necesario debatir esta proposición en relación a la cuestión de la mujer desde la perspectiva socialista. Esta conmemoración deberá tener un carácter internacional y será necesario prepararla con mucho esmero”.

La propuesta no establecía una fecha precisa para ese día especial de las mujeres. Solo sugería que los Partidos Socialistas de distintos países difundieran esta campaña por el derecho al voto femenino -tal como lo habían hecho antes las norteamericanas-, demostrando que el socialismo internacional se encontraba a la vanguardia en la lucha por la igualdad de derechos políticos para las mujeres. Pero esta vez se habló de Día Internacional de las Mujeres, en plural, para enfatizar el carácter mundial de la convocatoria.

El 19 de marzo de 1911, las socialistas alemanas celebraron el Día Internacional de las Mujeres. Las suecas lo hicieron el 1º de mayo. Recién en 1914, las socialistas de Alemania, Suecia y Rusia se pusieron de acuerdo en conmemorarlo el 8 de marzo. Y así lo hicieron también en los años siguientes.

Pero un día, las mujeres parieron una revolución

El 8 de marzo de 1917 (23 de febrero, según el antiguo calendario ortodoxo ruso), las trabajadoras rusas lo conmemoraron con manifestaciones, huelgas y motines por el pan, por la paz y contra el régimen zarista: una chispa que, en medio de las penurias de la Primera Guerra Mundial, dio inicio a la revolución con la que la clase obrera conquistó el poder ocho meses más tarde, bajo la dirección del Partido Bolchevique. “El 23 de febrero era el Día Internacional de la Mujer. Los socialdemócratas se proponían festejarlo en la forma tradicional: con asambleas, discursos, manifiestos, etc. A nadie se le pasó por las mentes que el Día de la Mujer pudiera convertirse en el primer día de la revolución”. Así empieza uno de los capítulos de la Historia de la Revolución rusa, escrita por León Trotsky.

Semejante acontecimiento hizo que, de ahí en adelante, el movimiento obrero y el socialismo internacional dejaran esa fecha inamovible.

¿No hubo un incendio?

En internet y en los libros, muchas veces encontramos que, en esta fecha, se conmemora un incendio intencional de una fábrica textil de Nueva York, ocurrido supuestamente el 8 de marzo de 1908. Se cuenta que las obreras protestaban y el dueño trabó las puertas del taller y le prendió fuego, provocando la muerte de 129 trabajadoras.

Sin embargo, lo extraño es que el 8 de marzo de 1908 era domingo y no hay ningún periódico que haya difundido la noticia del incendio, como era habitual, ya que eran muy frecuentes los incendios accidentales en esas antiguas fábricas. ¿Hubo un gran incendio accidental en Nueva York? ¡Sí! Pero fue el 25 de marzo de 1911, en la Triangle Shirtwaist Company. Muchísimas trabajadoras murieron allí. Pero si cotejamos las fechas, nos encontramos que ya las alemanas habían conmemorado el Día Internacional de las Mujeres propuesto por Clara Zetkin.

La izquierda exige que se diga que es un día de las trabajadoras ¿es cierto?

Si la revolución que parieron las obreras textiles en Rusia en 1917 abrió las puertas a las mujeres a muchísimos derechos impensados, la llegada de Stalin al poder en la ex Unión Soviética hizo trizas la lucha por la emancipación femenina. Se prohibió el aborto y se destacó la contribución de las mujeres –como madres y amas de casa–, al engrandecimiento nacional. A mediados de los ’30, el Día Internacional de las Mujeres se convirtió en el equivalente al Día de la Madre de los países capitalistas: se entregaban regalos y ramos de flores a las madres.

Y en 1965, por un decreto de la burocracia estalinista, se declaró el 8 de marzo como un día no laborable y se rebautizó como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Una buena maniobra la de la podrida burocracia estalinista: despojaron a las mujeres de los derechos conquistados durante la revolución, volvieron a enaltecer los estereotipos que inculcaban los patriarcas de las buenas mujeres que tienen hijos al servicio de la patria, pero le pusieron un nombre que suena más de izquierda. Si las socialistas que quisieron establecer un día por los derechos políticos de todas las mujeres lo hubieran visto, habrían dicho: ¡No en nuestro nombre, canallas!

Lo que se oculta detrás de un nombre

Para muchos grupos feministas, el 8 de marzo es un día para luchar solo por algunos derechos para las mujeres dentro de estas mismas democracias capitalistas. Otros sectores, cada vez menores, siguen planteando lo mismo que decían los estalinistas: que la emancipación de las mujeres es algo de poca importancia en la lucha por la revolución social y que desvía la atención de la batalla central del proletariado, que es contra la burguesía.

Por el contrario, el marxismo revolucionario reconoce que no solo las trabajadoras, sino las más amplias masas femeninas son víctimas de la desigualdad, la falta de derechos, la violencia y la subordinación que impone la opresión patriarcal. Que ser el 80 % de las víctimas de las redes de trata, no tener derecho a decidir sobre el propio cuerpo, ganar un 30 % menos que los varones o ser el 75 % de los analfabetos del mundo son algunas muestras patentes de esta inequidad. Y señalamos, sin tapujos, que hay que combatir también el veneno del machismo con el que, en esta sociedad capitalista, se divide también las filas de los explotados.

Denunciamos que el sistema capitalista legitima, reproduce y garantiza la subordinación de las mujeres. Que por eso, no alcanza con exigir mayor equidad en una sociedad que funciona en base a la más profunda de las inequidades, como es la concentración de las propiedades y las grandes riquezas en un puñado de familias que amasan su fortuna a expensas de la explotación de millones de asalariados y asalariadas, que lo único que poseen es su fuerza de trabajo y su prole.

Un feminismo socialista, por el pan y por las rosas

Por eso, consideramos nuestro deber irrenunciable impulsar, en la más amplia unidad, las luchas de las mujeres por las mejores condiciones de vida posibles. Pero nuestra lucha no se limita a la ampliación de los derechos formales en el estrecho marco de las democracias capitalistas; ni tampoco a reivindicaciones corporativas o económicas de la clase obrera. Impulsamos la organización, la movilización y la lucha de las mujeres con la perspectiva de la revolución socialista, para acabar con este sistema de explotación y sentar las bases para la completa emancipación de las mujeres y la liberación de la humanidad.

En ese camino, apostamos a que las mujeres trabajadoras –las más explotadas entre las oprimidas, las más oprimidas entre los explotados- encabecen la lucha por su propia emancipación, convenciendo a sus hermanos de clase de la importancia que tiene levantar entre sus banderas la lucha contra el machismo y, a las más amplias masas femeninas, de unirse a sus filas para derrocar el capitalismo patriarcal.

 
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